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Abu Omar, un coleccionista de coches clásicos, asomándose a la ventana de su apartamento en la zona de Al-Shaar, en Alepo, controlada por los rebeldes, el 20 de diciembre de 2015

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Los bombardeos rusos en Siria que se iniciaron hace tres meses son responsables de la muerte de cerca de 2.000 personas, cientos de ellas civiles, y constituyen posibles crímenes de guerra, según organizaciones no gubernamentales.

La aviación rusa utilizó "bombas de racimo" y bombas convencionales contra "zonas de viviendas con una fuerte densidad de población", denunció Amnistía Internacional (AI) en un informe este miércoles.

Un aspecto aún más inquietante es que esos bombardeos estarían ocurriendo en zonas donde el grupo Estado Islámico no está presente, según otras organizaciones y expertos independientes, que confirmarían así las acusaciones occidentales.

"Tuvimos conocimiento de este informe. Una vez más, no hay nada concreto ni nuevo en el mismo: siempre los mismos 'clichés' y las mismas informaciones falsas", declaró el portavoz del ministerio de Defensa en Moscú, Igor Konashenkov, en conferencia de prensa.

El denominado Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), con sede en Londres y una red de colaboradores en todo el territorio sirio, dio la cifra de 2.132 personas muertas en otro informe, difundido la víspera.

Según el OSDH, de esas víctimas, 710 son civiles y entre los civiles figuran 161 niños y 104 mujeres.

El informe de Amnistía Internacional menciona seis ataques en las provincias de Homs (centro), Idleb (noroeste) y Alepo (norte) entre septiembre y noviembre de 2015, en el que murieron "al menos 200 civiles y una decena de combatientes".

"Algunos ataques aéreos rusos apuntan al parecer directamente contra los civiles o bienes civiles, dado que golpean zonas de viviendas donde no hay un objetivo militar evidente", afirmó Philip Luther, director de Amnistía Internacional para el Oriente Medio en un comunicado.

"No pueden saberlo y no tienen los medios para verificarlo" replicó el portavoz del ministerio de Defensa ruso.

- 'Truco de magia' -

Amnistía también critica la actitud de las autoridades rusas, que afirman que solo golpean objetivos "terroristas" pero que se escudan en el silencio o el desmentido cuando son acusadas de haber matado a civiles.

La oenegé de defensa de los derechos humanos cita en particular la reacción de Moscú tras la destrucción el 1 de octubre de una mezquita de Jisr Al Shughur (provincia de Idleb).

El ejército ruso aseguró en ese momento de un "montaje" y difundió una imagen satélite de una mezquita intacta. "Un truco de magia", replicó AI, que demostró a su vez que la fotografía en cuestión era la de otra mezquita, en otro lugar.

Rusia empezó a intervenir militarmente en Siria para apoyar al régimen del presidente Bashar Al Asad. Su objetivo principal, asegura Moscú, es destruir al EI, pero desde el principio los países occidentales y árabes aseguran que esos ataques son dirigidos contra todos los grupos rebeldes por igual.

Según el estadounidense Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), los ataques rusos se están concentrando en regiones donde el EI simplemente no está presente. Ese instituto ha analizado semanalmente los bombardeos, en provincias como la Idleb, en la que denuncia un evidente "desfase" entre los objetivos proclamados por Rusia y la realidad sobre el terreno.

"Estas cifras no son una sorpresa desgraciadamente", comentó a AFP el politólogo Zyad Majed, especialista de Siria. "Las asociaciones locales de derechos humanos y de la sociedad civil hacen un trabajo documentado, con fotos y videos, desde el inicio de los bombardeos rusos", explicó.

Moscú asegura que en esas zonas hay por ejemplo grupos como Jabat Al Nosra (rama local de Al Qaida).

"Hay centenares de miles de civiles en esas regiones donde el EI no está presente. Niños que van a la escuela, centros sanitarios, panaderías comunitarias, generadores de electricidad... Hoy en día esta vida local es bombardeada, no solamente por el régimen, sino también por la aviación rusa, que hace estragos" acusa este experto.

AFP