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Un hombre sirio sostiene una edición del periódico Al-Thawra (La Revolución) que muestra en portada una foto del presidente sirio, Bashar Al Asad, junto al ruso, Vladimir Putin, durante una antigua visita a Moscú, en Damasco el 22 de octubre de 2015

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Hace varias semanas, Firas Kiwani se disponía a irse de Damasco, su ciudad natal, convencido de que no tenía futuro en su país, devastado por cuatro años y medio de guerra. Pero la intervención militar rusa le hizo cambiar de parecer.

El 30 de septiembre, Rusia intervino en el país para apoyar al ejército del régimen del presidente sirio, Bashar al Asad, que hasta la fecha iba perdiendo terreno frente a los insurgentes. "La situación hoy es mucho mejor. Por eso aplacé mi decisión de irme a la espera de ver cómo evoluciona", declaró este estudiante de 20 años a AFP en la cafetería Al Kamal de la capital. Él se siente aliviado, como muchos de los habitantes de las regiones controladas por el régimen.

"Antes tenía miedo y me sentía frustrado. Decidí junto a unos amigos que había que marcharse, pero con el comienzo de los bombardeos rusos, el ejército sirio empezó a avanzar y eso está bien", detalla. Antes de la entrada en acción de los cazabombarderos rusos, el ejército sirio estaba a la defensiva, pero la mayor parte del tiempo retrocedía. Hasta el punto de que Asad reconoció que sus tropas estaban "cansadas".

La intervención rusa "llegó en el buen momento" porque "el ejército no realizaba ningún progreso significativo", se felicita Mohamad Wasim al Jalidi, un comerciante treintañero sentado en otra cafetería. "Ahora, según cuentan los noticieros, el ejército avanzó en Daraya, Homs y Alepo", añade.

- La 'tormenta Sukhoi' -

En Damasco no se habla de otra cosa. En cuanto un avión sobrevuela la capital, las conversaciones giran en torno a si es ruso o sirio.

Jaled Labwani, que juega a las cartas en la cafetería Al Rawda, cerca del parlamento, bautizó la ofensiva como 'Tormenta Sukhoi', nombre de los aviones de combate del ejército ruso. Este hombre de 48 años perdió su trabajo y su casa en Erbin, una localidad rebelde al este de la capital que suele ser blanco de la aviación del régimen y era utilizada por los insurgentes como base para disparar contra Damasco.

La intervención rusa "refuerza al Estado frente a los insurgentes" pero no hay que olvidar que Rusia actúa por intereses propios", dice, mientras fuma narguilé (pipa de agua). No es el único que se interroga sobre las motivaciones rusas.

"Un proverbio sirio dice que la ropa que tomas prestada no te mantendrá caliente", proclama Anas Judé. "La cooperación militar rusa hace falta hoy para apoyar al Estado sirio pero el problema surgirá si más tarde se implica en el ámbito político. Y en este caso tendremos otras batallas", asegura este abogado de 40 años. Para él, "el verdadero conflicto no es sobre Siria, sino sobre la hegemonía. Es esencialmente un conflicto entre Estados Unidos y Rusia que se libra hoy en suelo sirio", afirma Judé.

Otros opinan que los motivos de Rusia son secundarios. En el célebre zoco de Hamidiyé, en el corazón de Damasco, Abdel Rahman, un estudiante de ciencias económicas de 23 años, considera "normal que un país piense en sus intereses estratégicos antes de apoyar a otro". "No teníamos muchas opciones -alega- (...) pero Rusia es la mejor".

AFP