Polonia acude a las urnas este domingo para votar en unas legislativas que, según las previsiones, deberían ganar los conservadores del actual gobierno, prometiendo más ayudas sociales y en un contexto de nacionalismo al alza.

Sin embargo, sí que podrían perder la mayoría absoluta.

El partido Derecho y Justicia (PiS), en el poder desde 2015 bajo la dirección del ex primer ministro Jaroslaw Kaczynski, intentará movilizar, sobre todo, a las clases más desfavorecidas de las regiones rurales, exaltando los valores familiares y prometiendo más ayudas y una subida del salario mínimo, además de una reducción de impuestos.

La campaña que llevó a cabo esta formación hizo que la población se polarizara aún más, con las advertencias en contra de las minorías sexuales y los valores liberales importados de Occidente y la bendición de la Iglesia Católica, que sigue siendo muy influyente en las áreas rurales.

La Coalición Cívica (KO), construida en torno a la Plataforma Cívica (PO, de centro), cuenta con la clase media de las grandes ciudades, descontenta con las crecientes desigualdades sociales, unas reformas judiciales controvertidas y los escándalos que salpicaron a miembros del Gobierno.

Por su parte, la izquierda denuncia los ataques del PiS contra el movimiento LGTB (lesbianas, gays, transgénero y bisexuales) y su alianza con el episcopado católico, al tiempo que defiende el objetivo de un Estado del bienestar. Unida, tiene bastantes opciones de volver al Parlamento, del que salió hace cuatro años.

Otras dos formaciones, más pequeñas, podrían superar el umbral del 5% necesario para acceder al hemiciclo: el partido de los agricultores y una "confederación" de ultraderecha.

"El electorado polaco está dividido en dos, con cerca de un 45% a favor del PiS y otro tanto para la oposición de centro y la izquierda", declaró a la AFP Anna Materska-Sosnowska, politóloga de la Universidad de Varsovia.

- Contra las "toxinas" políticas -

El PiS sacó partido de la reacción populista contra las élites liberales, una tendencia similar a la que se vive en Occidente en la actualidad.

Sus programas sociales, generosos, causaron gran impresión entre quienes se beneficiaron menos del rápido crecimiento económico.

"El PiS le hizo mucho bien a las familias, los jubilados, los niños, cumplieron sus promesas", declaró a la AFP Malgorzata Kowalska, una jubilada de 66 años, exempleada en un orfanato.

Sin embargo, aunque la tasa de extrema pobreza cayó hasta rozar el 4% en 2016-2017, en parte gracias al programa del PiS "500+" (116 euros por niño a partir del segundo hijo), la tasa volvió a subir al 5,4% en 2018 a causa de la inflación.

Joanna, ama de casa y madre de tres niñas, recibe una ayuda de 350 euros, pero dice que no votará por el PiS.

"Ofrezcan lo que ofrezcan, el PiS no tendrá mi voto", declaró esta graduada en Psicología de unos 40 años, criticando el "menosprecio del partido por los polacos que no responden al modelo del católico tradicional".

Será una mujer, la opositora Malgorzata Kidawa-Blonska, la que tratará de arrebatarle el poder al PiS, haciendo gala de un talante más sereno y menos combativo que el discurso que pregonan los conservadores.

"Revisemos la política, liberemos a los polacos del odio, de la hipocresía y de las toxinas políticas", propuso a sus simpatizantes la semana pasada.

La oposición prometió anular las reformas judiciales controvertidas que, según la Comisión Europea, amenazan el Estado de Derecho en Polonia. Pero no presentó ningún programa político definido.

En el plano económico, el país mantuvo un crecimiento fuerte, que los críticos con el Gobierno atribuyeron a la buena coyuntura internacional.

El desempleo cayó en septiembre al 5,1% de la población activa, el nivel más bajo en 30 años.

Etiquetas

Neuer Inhalt

Horizontal Line


Instagram

Síganos en Instagram

Síganos en Instagram

subscription form

Formulario para abonarse al Newsletter de swissinfo

Regístrese para recibir en su correo electrónico nuestro boletín semanal con una selección de los artículos más interesantes