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Los egipcios asisten a la misa en la Catedral Ortodoxa Copta de San Marcos, en la provincia de Bani Mazar, en la gobernación de Minya, el 27 de mayo de 2017.

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Los hombres enmascarados ordenaron a los cristianos que acudían a un monasterio bajar del autocar y renegar de su fe, explicaron los supervivientes de la masacre del viernes en Egipto.

"Les pidieron renegar de su fe cristiana, uno a uno, pero todos se negaron", suelta suspirando el padre Rashed. Entonces, los hombres armados les dispararon fríamente a la cabeza.

En total, 29 personas, incluido numerosos niños, murieron en este ataque reivindicado por el grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Más de 24 horas después, la emoción es palpable el sábado en la catedral de Mar Morcos (San Marcos) de la pequeña ciudad de Bani Mazar, en la provincia central de Minia.

Durante la misa, algunos fieles no pueden contener sus lágrimas. Sin fuerzas para estar de pie, un joven es sostenido por sus allegados.

Todas vestidas de negro y con el cabello cubierto por un ligero velo anudado detrás de la nuca, las mujeres llegan para una ceremonia de condolencias organizada por la iglesia. Sus llantos y sus gritos rompen el silencio que reina en el patio.

Después de haber visitado a heridos el día anterior, el padre Rashed cuenta cómo el viaje hacia un monasterio situado a más de 200 km al sur de El Cairo se convirtió brutalmente en un drama.

En el convoy de varios vehículos, incluido un autobús, viajaban obreros contratados para unas obras y fieles con ganas de pasar el día en el monasterio, como suelen hacer los coptos, que representan cerca del 10% de los casi 92 millones de egipcios.

"Antes de ser asesinados, la mayoría de los hombres salieron de su vehículo, otros se quedaron a bordo del coche", recuerda el padre Rasehd. "Al parecer les pusieron de rodillas. La mayoría recibieron un balazo en la parte de atrás de la cabeza, en la boca o en la garganta".

"Les hicieron bajar del autobús, les quitaron el carné de identidad y el oro que llevaban, sus alianzas o sus anillos", cuenta también Maher Twafik, venido de El Cairo para apoyar a su familia. Su sobrina sobrevivió al ataque pero no el marido ni la hija de un año y medio de ésta.

Después "les pidieron pronunciar la profesión de fe musulmana", antes de ejecutar a los que se negaron, añade Tawfik.

- 'Va a volver a pasar' -

Desde hace varios meses, Egipto está en duelo por atentados perpetrados por el EI contra la comunidad ortodoxa. A principios de abril, dos atentados suicidas contra sendas iglesias coptas dejaron 45 muertos en el norte de El Cairo.

En un momento en el que el grupo extremista se ha comprometido a multiplicar los atentados contra los coptos, los cristianos de Minia están preocupados. En esta provincia conservadora, donde esa minoría está particularmente arraigada, se viven grandes tensiones entre musulmanes y coptos.

En 2013, después de que el ejército derrocara al presidente islamista Mohamed Morsi, varias iglesias de la provincia fueron incendiadas por manifestantes que acusaban a los cristianos de apoyar a los militares.

"No es nuevo para nosotros ser el blanco del terrorismo. Pagamos el precio de nuestro apoyo al ejército y al Estado", dice Mina al Masri, que viajó a su ciudad natal para los funerales de los padres de un amigo, muertos en el ataque. "Creo que habrá un baño de sangre para los cristianos", añade.

Hanan Fuad perdió a sus vecinos, una familia de seis personas de tres generaciones. Vestida con una larga chilaba negra y el cabello cubierto por un velo negro transparente, deja estallar su ira en el patio de la catedral.

"Va a volver a pasar. No pasa un mes sin que maten a cristianos", protesta esta mujer de unos cuarenta años. ¿Por qué los cristianos? porque dicen que somos una minoría, infieles", asegura.

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