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Unos sursudaneses esperan para registrarse como desplazados en un complejo de la Cruz Roja en Wau el 1 de julio de 2016 Ceasefire monitors in war-torn South Sudan warned on June 30, 2016 of "appalling" violence in breach of a peace deal, as rivals battle despite the formation of a unity government in the world's youngest nation. "It is worrisome that violence continued to occur, as evidenced by the clashes that broke out in Kajo-Keji, Central Equatoria, Raja, Western Bahr El Ghazal, Leer, Unity State and the most recent and appalling fighting in Wau, Western Bahr El Ghazal last week," said Molla Hailemariam, an Ethiopian major-general heading the internationally backed ceasefire monitoring team.

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"Nosotras, las mujeres, no nos atrevemos a volver a casa por la noche porque nos exponemos a que los soldados nos ataquen o nos violen", afirma la sursudanesa Catherine Atanasyo, que agrega que "el caso de los hombres no es mejor, les espera la muerte".

Al igual que otros 25.000 sursudaneses de Wau, en el noroeste de Sudán del Sur, esta mujer se ha refugiado en un campamento de la ONU abierto hace dos meses. Huía de una oleada de violencia étnica en esa parte del país.

"Mi casa se encuentra a dos pasos, pero aquí es más seguro gracias a la protección de los soldados de la ONU", explica.

A su alrededor, pululan los refugios improvisados con bambú y lonas blancas cubiertas de polvo rojizo.

"Se puede salir por el día. De hecho vi que saquearon mi casa. Por la noche, no, es demasiado arriesgado", añade, refiriéndose a los dramas ocurridos en los caminos cercanos al campamento.

Un niña de 13 años fue violada cuando iba al colegio y también murieron hombres por los combates, cita.

- Crisis humanitaria -

Su país se independizó de Sudán en 2011, tras décadas de guerra, pero apenas dos años después volvió a sumirse en la violencia.

Desde diciembre de 2013, han muerto varias decenas de miles de sursudaneses y 2,5 millones han tenido que huir de sus casas.

Todas las partes implicadas en el conflicto cometen crímenes y además casi 5 millones de sursudaneses, o sea un tercio de la población, se enfrentan a una inseguridad alimentaria "sin precedentes", advierte la ONU.

"La independencia fue una mala idea, sólo se benefició de ella una tribu, los Dinka", la principal etnia del país, la del presidente Salva Kiir, dice suspirando Atanasyo.

La guerra en Sudán del Sur opone a las tropas de Salva Kiir a las del exrebelde Riek Machar (de la etnia nuer).

A esto se añaden fuertes tensiones étnicas en los cuatro costados del país.

En la región de Wau, los Fertit acusaron a los Dinka de querer marginarlos.

Estas tensiones degeneraron a partir de finales de 2015 en enfrentamientos que culminaron en junio en una espiral de violencia.

No se sabe cuántas víctimas ha causado debido, entre otras cosas, a la limitación de los movimientos de los cooperantes, impuesta por el ejército de Salva Kiir.

En el campamento de desplazados, muchos afirman haber perdido a un ser querido.

- 'Quiero matar a los Dinka' -

"Los soldados llegaron a casa el 24 de junio, mataron a mi hermano, que era policía, y lo saquearon todo, mi moto, nuestras ollas, nuestras camas", cuenta Adam Umong, de 32 años, junto a otro de sus hermanos, Georges, herido de bala en una pierna durante el incidente.

"Y Georges ha dejado de hablar por la conmoción", dice este hombre, con la mano apoyada en el hombro de su hermano, que no pronuncia una palabra y tiene la mirada perdida.

"No es la independencia con la que habíamos soñado", protesta Adam Umong.

"Los líderes actuales deben irse, llevaron al país a su perdición. Salva Kiir no es nuestro presidente y Riek Machar no es mejor", afirma.

Algunos perros enclenques deambulan entre las carpas.

La ropa está tendida sobre las alambradas de espino. Los niños juegan con falsas carabinas fabricadas con hierbas dobladas y atadas con trozos de caucho.

"Quiero matar a los Dinka, porque son ellos los que hicieron esto, nos forzaron a irnos de nuestras casas", explica Martin, de 10 años, mientras dispara contra una camiseta amarilla rota y descolorida.

Los desplazados esperan que el despliegue anunciado de 4.000 cascos azules adicionales traiga seguridad y así poder regresar a casa.

Christine Elia, de 27 años, resume el sentir colectivo: "Vivir aquí no se elige".

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AFP