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Dos personas se abrazan en la Plaza de la Bolsa de Bruselas el 23 de marzo de 2016

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Los atentados de Bruselas, cuatro meses después de los de París, obligan a los europeos a integrar esa amenaza en su vida normal, para lo cual, según los expertos, la clave es encontrar un justo equilibrio entre la hipervigilancia y la negación.

Mientras la vida recobraba progresivamente este miércoles su curso normal en la capital belga, golpeada la víspera por atentados que causaron 31 muertos y 270 heridos, varios expertos afirman que la situación de seguridad no mejorará en un futuro próximo.

"Nos enfrentamos a una amenaza seria y a largo plazo y éste no será sin duda, ni mucho menos, el último ataque", estima Simon Palombi, especialista de cuestiones de seguridad del club de reflexión Chatham House, de Londres. Palombi considera que los yihadistas han encontrado "debilidades" en los sistemas europeos de inteligencia, "que no podrán ser corregidos rápidamente, lo que les permitirá atacar de nuevo". "La gente debe prepararse para eso", agrega.

John Brewer, de la Queen's University de Belfast, señala que "en Irlanda del Norte, en Sri Lanka, en el País Vasco español y en otros lados las poblaciones supieron hacer frente y seguir viviendo normalmente". "Las explosiones que ocurrían regularmente no impedían a la gente en Irlanda del Norte ir a trabajar, enamorarse, casarse", dice Brewer a la AFP. "Esos gestos de la vida cotidiana les permitieron aguantar", añade.

De hecho, "la población no tiene opción, tiene que integrar la amenaza", estima, por su parte, la psicóloga Carole Damiani, que dirige la asociación París Aide aux Victimes. "Pero debe encontrar un justo medio, evitando dos escollos, la hipervigilancia y el comportarse como si no hubiera pasado nada", acota.

- 'Cambiar de comportamiento' -

En esa situación, las redes sociales tienen un doble papel, sostiene John Brewer. "Por un lado, derribaron la barrera que nos permitía mantenernos al margen de la extrema violencia", explica, señalando que "frente a los atentados, estamos mucho más expuestos al traumatismo". "Pero al mismo tiempo las redes sociales nos permiten compartir inmediatamente nuestra angustia y eso nos ayuda a hacer frente" a la misma, añade.

Psiquiatra especializado en el estrés del hospital Sainte-Anne de París, Patrick Légeron afirma que los atentados crean un efecto, "un sentimiento muy fuerte de inseguridad, de peligro invisible y no controlable".

"Mucha gente ha comprendido que el problema es masivo y recurrente", pero "no se puede vivir con una ansiedad permanente", acota, por su parte, el psicólogo y criminólogo francés Jean-Pierre Bouchard.

De manera que los europeos deberán adaptarse cambiando algunos de sus comportamientos, lo que puede llevar un cierto tiempo, según los expertos.

"Algunos van a cambiar poco a poco de comportamiento, otros tratarán de evitar las zonas de riesgo", según Bouchard, que señala que no existe una "reacción uniforme".

La reacción depende del "grado de vulnerabilidad" de cada persona, pero también de la distancia que la separa del lugar de los atentados. Los habitantes de las grandes ciudades se sienten globalmente más vulnerables que los que viven" lejos de ellas. Además, con el tiempo, "el grado de vigilancia" tiende a disminuir.

Michel Olivier, ex oficial de las fuerzas especiales francesas, recalca que "no se vive como antes en un país en guerra", y las reacciones tienen que ser a la vez individuales y colectivas. Él aconseja a las personas que tienen que tomar obligatoriamente el metro para ir a su trabajo que "no se dejen transportar pasivamente". Tienen que instalarse en el primer o el último vagón de los metros para poder evacuar más fácilmente el lugar, tienen que evitar llevar auriculares en los oídos y vigilar su entorno, dice.

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AFP