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Un francotirador de la policía federal apunta el 12 de abril de 2017 hacia una posición del grupo yihadista EI en el oeste de Mosul, en el norte de Irak

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A cientos de metros de una mezquita del oeste de Mosul, Salah al Zuheiri no aparta la vista de la mira de su arma. Como francotirador de la policía iraquí, su objetivo es "eliminar" yihadistas.

"Los combatientes de Dáesh están al alcance, los acechamos día y noche", afirma a la AFP Zuheiri, utilizando el acrónimo en árabe que designa al grupo yihadista Estado Islámico (EI). Está apostado en un edificio de cuatro plantas en el que tomó posiciones con sus colegas gracias al avance de las fuerzas gubernamentales en la segunda ciudad del país.

En una habitación sombría, el francotirador inmoviliza su fusil de calibre 50 milímetros sobre sacos de arena. En la pared de enfrente cuelga un plano de Mosul marcado con lápiz rojo.

Los francotiradores emboscados, cuenta, permanecen en su posición más de 12 horas diarias, durante dos semanas seguidas. Sólo se pueden ausentar "para ir al baño, por ejemplo". "La comida nos llega a horas fijas, tres veces por día", precisa.

"Matamos a entre tres y cinco yihadistas al día", asegura, orgulloso. En la misma habitación, Murtada al Lami está tendido boca abajo; su arma apunta hacia a la mezquita de Al Nuri.

Esta mezquita tiene un valor muy simbólico para el grupo EI, porque su jefe, Abu Bakr al Bagdadi, hizo en ella su única aparición pública desde la proclamación por la organización yihadista de un "califato" en los territorios conquistados en Irak y en la vecina Siria.

- "Escudos humanos" -

Para localizar sus blancos, los francotiradores cuentan con la ayuda de soldados apostados en una habitación contigua que espían constantemente con prismáticos los movimientos de los yihadistas.

También cuentan con el respaldo de una unidad especial encargada de vigilar en una pantalla los datos térmicos transmitidos gracias a fotografías de la aviación iraquí.

"Nosotros somos los que tomamos la decisión de disparar. También tenemos nuestros propios prismáticos térmicos, pero confirmamos datos con nuestros colegas para evitar errores", afirma Zuheiri.

"Hace unos días, nuestros francotiradores mataron a un emir del EI en la margen oeste (de Mosul), provocando una enorme confusión en el casco antiguo", asegura uno de los responsables del grupo, que ha pedido el anonimato.

"Por miedo a bombardeos aéreos, ellos (los yihadistas) no estaban armados durante sus funerales" y utilizaron a civiles como escudos humanos, precisa.

Los civiles representan un verdadero desafío para las fuerzas iraquíes que, tras haberse apoderado del este de Mosul en enero, lograron avances importantes en el oeste de la ciudad, aunque la progresión en el casco antiguo, un dédalo de calles angostas densamente pobladas, resulta ardua y lenta.

La ONU cifra en 500.000 el número de civiles presentes en las zonas controladas por el grupo EI en Mosul.

"Decenas de francotiradores están desplegados en los tejados de los edificios del casco antiguo para cubrir el avance de las tropas", afirmó en marzo el comandante de la policía federal, el general Raed Shaker Jawdat.

Sin embargo, el grupo EI también tiene francotiradores para disparar a los soldados iraquíes. "Hace unos días -cuenta Zuheiri-, un yihadista me apuntó, pero la bala impactó en la pared situada detrás de mí". "Identifiqué la fuente del disparo y lo maté rápidamente", concluye.

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