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El primer ministro de Hungría, Viktor Orban, llega a una rueda de prensa en Bratislava el 16 de septiembre de 2016

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La política de rechazo a los refugiados orquestada por el primer ministro húngaro, Viktor Orban, será sometida a referéndum este domingo, una consulta que constituye un desafío a la Unión Europea (UE).

Alrededor de 8,3 millones de electores están llamados a validar la postura del primer ministro húngaro contra la repartición de refugiados entre los países de la Unión Europea.

Los sondeos estiman que el 'No' ganará la consulta, cuyo único suspenso reside en la tasa de participación.

Un primer plan de 'relocalización' de 160.000 solicitantes de asilo entre los 28 Estados miembro se está llevando a cabo desde septiembre de 2015.

Hasta la fecha, Hungría no ha propuesto ninguna plaza de acogida y se considerará, si gana el 'No', libre de cualquier obligación de aplicar la política migratoria europea.

Orban prometió traducir el resultado de la consulta "al sistema legal húngaro", sin dar más detalles.

La Comisión Europea afirma, por su parte, que el referéndum no tendrá ningún impacto jurídico en los compromisos adoptados. "Los Estados miembro tienen la responsabilidad legal de aplicar las decisiones tomadas", recordó esta semana el comisario para las Migraciones, Dimitris Avramapoulos.

"Si se organizan referendos sobre cada decisión de los ministros y del Parlamento Europeo, la autoridad de la ley está en peligro", advirtió este verano Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea.

La formulación de la pregunta planteada a los húngaros resume este doble desafío a Bruselas y a la acogida de refugiados: "¿Quiere que la Unión Europea decrete una relocalización obligatoria de ciudadanos no-húngaros en Hungría sin la aprobación del Parlamento húngaro?"

"Me gusta Hungría tal y como es y no quiero que alguien la cambie por una orden del exterior", recalcó recientemente el jefe de Gobierno.

Los sondeos vaticinan que ganará el rechazo a las cuotas de acogida, un resultado que reforzaría políticamente a Orban en su país y su imagen de dirigente populista antinmigrantes en Europa.

Sin embargo, el Gobierno desconoce cuál será la tasa de participación y si ésta no alcanza el 50%, la consulta no será válida.

La idea del referéndum, lanzada en febrero, "es, en primer lugar, focalizar el año 2016 en la cuestión migratoria, a pesar de la ausencia de migrantes en Hungría", un país que sólo concede el asilo en casos contados, considera el analista político Andras Biro-Nagy.

Si el primer ministro fracasa en su objetivo de participación, "podría tener que lidiar con peticiones de dimisión", abundó Biro-Nagy.

Pero Orban, con una popularidad en su nivel más alto, granjeada con su discurso desacomplejado sobre la inmigración, que compara con un "veneno", no parece vulnerable.

La obsesión por el tema migratorio ha dejado en segundo plano las críticas contra la política económica y social del Gobierno.

El partido conservador Fidesz gobierna en Hungría desde 2010 y su único verdadero rival en las próximas elecciones, en 2018, es el partido de ultraderecha Jobbik.

Para evitar que se alcance el quorum, la oposición y ONG de defensa de los derechos humanos han hecho un llamamiento al boicot o al voto nulo, que no quedaría contabilizado en la tasa de participación.

Unos 400.000 migrantes transitaron por Hungría en 2015, la mayor parte de ellos antes de que se instalaran las alambradas en las fronteras serbia y croata.

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AFP