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Si bien los chinos suelen ser más "hormigas" que "cigarras", a las generaciones jóvenes no le quita el sueño pedir un préstamo para saciar su sed de consumo

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Cuando Wu Qi y su esposo vendieron su pequeño auto para comprar un coche de lujo, solo necesitaron unos minutos para obtener un préstamo de 200.000 yuanes (26.000 euros), que añadieron a una hipoteca inmobiliaria ya bastante grande, algo frecuente entre los jóvenes chinos.

"Es muy fácil: el concesionario te alienta a tomar un préstamo y a disfrutar del coche", explica Wu Qi, de 39 años, que ya tiene que abonar un millón de yuanes del préstamo de su apartamento de tres habitaciones en Pekín.

Si bien los chinos suelen ser más "hormigas" que "cigarras", a las generaciones jóvenes no le quita el sueño pedir un préstamo para saciar su sed de consumo, animados por el régimen comunista, que abrió el crédito en 2008 para apoyar una economía amenazada por la crisis financiera mundial.

Casi una década después, la deuda total del país ha pasado del 140% del PIB al 260%. Y la desaceleración de la actividad económica (el crecimiento cayó el año pasado al 6,7%, su marca más baja en un cuarto de siglo) preocupa a los mercados. La agencia Moody's rebajó la semana pasada la nota de la deuda china, por primera vez en casi 30 años.

Los hogares son uno de los motores del aumento de la deuda. Sus préstamos han crecido un 19% de media cada año desde 2011, destaca Chen Long, economista en el gabinete Gavekal Dragonomics. A este ritmo, la deuda de los hogares se duplicará para alcanzar los 8,6 billones de euros en 2020, es decir, el 70% del PIB, frente al 30% de 2013.

"A los otros países les tomó décadas llegar a este resultado", observa Chen, que apunta como causa una exigencia menor de los criterios necesarios para obtener un préstamo.

- Cuando se inmiscuye la tradición -

La actual situación se ha visto favorecida por la actitud de los pequeños ahorristas, desalentados por los débiles intereses que producen los depósitos bancarios, la volatilidad de los mercados de valores y la dificultad de invertir en el extranjero.

"El sector inmobiliario equivale a seguridad", resume la señora Liu, de 26 años, que alquila su apartamento en Airbnb para poder pagar un préstamo de 1,4 millones de yuanes.

Pero la explosión del precio de la vivienda ha hecho temer una burbuja inmobiliaria, frente a la que el gobierno chino trata de protegerse, subiendo el aporte mínimo exigido para la compra de una casa. Pero sin llegar a limitar el aumento del precio del metro cuadrado.

Wang Yuchen, de 28 años, tuvo que pedirle dinero a sus padres y a sus amigos para poder comprarse, el año pasado, un apartamento de 4,75 millones de yuanes (620.000 euros) en Pekín. "En 2012, lo habría podido tener tres veces más barato", lamenta el joven, que pidió un préstamo de 3 millones de yuanes al banco para financiar la compra.

"Estoy un poco preocupado, pero no puedo hacer nada: me casé el año pasado y la tradición exige que uno tenga una casa en propiedad antes de casarse", explica.

En el sector del automóvil, los bajos tipos de interés incitan a los jóvenes a comprarse modelos nuevos, lo que ha hecho que el crédito para automóviles aumente un 40% cada año.

"Antes, pensaba que seguiría con mi viejo coche porque hoy en día es muy fácil alquilar un auto con conductor", explica Wu Qi, que acaba de comprar un Mercedes. "Y, al fin y al cabo, un coche nuevo tampoco era tan caro...".

Mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI) dio signos el mes pasado de los riesgos financieros que acechan al país, algunos dudan de la determinación del régimen comunista para poner freno al crédito fácil, que alimenta el crecimiento.

"Ya veremos cómo hacen para salir de la trampa del 'crecimiento primero, ya pensaremos después' en el que todas las grandes economías han caído en algún momento", analiza Michael Every, economista en Rabobank.

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