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Un carnicero de un mercado del centro de Trípoli atiende a unas clientas el 25 de mayo de 2017

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El ramadán, mes sagrado y festivo para los musulmanes, comienza en Trípoli con un sabor amargo para los libios por el corralito bancario, el aumento de los precios y la violencia que persiste en el país casi seis años después del derrocamiento de Muamar Gadafi.

La pequeña tienda de ultramarinos de Tomzini, una de las más conocidas de la ciudad, está abarrotada para celebrar el ramadán, que empieza este sábado. Sin embargo, los clientes se muestran reticentes a abrir sus carteras.

"En lugar de llevarme tres kilos de almendras, solamente compro tres dinares. Lo imprescindible para decorar", lamenta Mariem, una joven madre acompañada por su hija, que mira con antojo las golosinas de colores.

En Libia, los precios se han multiplicado por tres, a veces por cuatro, incluso en la tienda de Tomzini, conocida por sus especias frescas.

Algunos se apresuran a hacer sus compras por miedo a que las etiquetas marquen todavía precios más altos, a causa de la mayor demanda durante el ramadán.

Las épocas de abundancia han desaparecido para la mayoría de los libios, que vivían gracias a los ingresos petroleros antes de que su país se hundiera en el caos tras la caída del dictador Muamar Gadafi en 2011.

"Debo ir con cuidado. No estoy seguro de poder reemplazar cada dinar que desaparece de mi bolsillo", confía a la AFP Moftah al Barrani, un funcionario de 59 años. "No cobramos nuestro salario desde hace meses y, aunque todavía tengo dinero en el banco, no tengo acceso a él, no hay efectivo", cuenta.

- Se las arreglan y se ayudan -

Los libios ya están habituados a hacer cola delante de los bancos desde el alba para poder retirar algunas decenas de dinares.

"Formo parte de los ciudadanos ordinarios que esperan delante del banco", se lamenta Sabri al Buechi, que no ha podido comprar especias antes del ramadán. "Los responsables deberían tener piedad de la gente", añade este funcionario en el mercado de Tajoura, en una periferia al este de Trípoli.

Frente a esta falta de efectivo, los comercios más frecuentados son los que aceptan tarjetas y cheques, pero no son demasiado habituales. "¿Aceptan la tarjeta del Banco del Comercio y el Desarrollo?", pregunta una clienta incluso antes de entrar a inspeccionar los estantes de un supermercado.

A todas estas dificultades cotidianas, hay que añadir el repunte de violencia que hubo justo la noche anterior al comienzo del mes sagrado.

Tras dos meses de calma, los combates estallaron el viernes en el sur de la capital entre grupos rivales, que usaron armas pesadas en medio de barrios residenciales.

"Es su regalo a los ciudadanos por el mes del ramadán", denunció el Gobierno de la Unión Nacional (GNA), que no consigue afirmar su autoridad ni en la capital ni el resto del país, pese al apoyo de la ONU.

En un contexto así, los tripolitanos se las arreglan y se ayudan. En la ciudad y en las redes sociales, las asociaciones se movilizan desde hace dos meses para recolectar productos alimentarios que posteriormente distribuyen entre las familias más necesitadas.

"No sirve para nada rezar y ayunar si el vecino pasa hambre", explica Samer Fayadh, reponsable de un establecimiento de comida rápida.

Para atenuar los efectos de la crisis, el Banco Central también ha decidido destinar más de 550 millones de dólares (500 millones de euros) para facilitar la importación de alimentos durante el ramadán.

No obstante, el riesgo es que los comerciantes con pocos escrúpulos retengan estos productos subvencionados.

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AFP