Los manifestantes en Sudan endurecieron su posición el martes y pidieron la disolución del Consejo militar de transición y su substitución inmediata por civiles, durante una nueva protesta ante el cuartel general del ejército.

"El ejército va a intentar de nuevo dispersar a los manifestantes porque está bajo presión, pero no estamos dispuestos a irnos (...). Quizás será una larga batalla, pero tenemos que pelear por nuestros derechos" declaró a la AFP Ahmed Najdi, uno de los manifestantes ante el cuartel general.

La Asociación de profesionales sudaneses (SPA), que lidera las protestas que sacuden el país desde el 19 de diciembre, había pedido por primera vez que el Consejo militar de transición sea disuelto y substituido por un Consejo civil que incluya militares.

Para la SPA, esta es una condición ineludible para participar en un futuro gobierno de transición.

La asociación endureció su tono el lunes tras denunciar un intento de dispersión de la concentración de manifestantes, que están sentados en una esplanada ante el cuartel general desde el 6 de abril.

Producto de esas presiones, el jefe de la junta militar, el general Abdel Fatah, destituyó al fiscal general, Omer Ahmed Mohamed.

Buhran nombró en su lugar a Al Waleed Sayyed Ahmed.

Miles de personas respondieron a un nuevo llamamiento el martes, y afluyeron hasta el centro de Jartum para proteger la "revolución".

Los manifestantes expresaban un objetivo claro: la destitución del presidente Omar al Bashir el jueves, y las promesas de la junta militar que lo reemplazó, sin calendario preciso, no son suficientes.

"Sabemos lo que pasó en Egipto y no queremos que nos suceda lo mismo" explicó Ahmed Najdi.

El presidente egipcio Hosni Mubarak fue derribado por un movimiento popular de protesta en 2011, como parte de la Primavera Árabe. Había permanecido en el poder 30 años. Pero en 2013 el ejército liderado por el general Abdel Fatah al Sisi derrocó al nuevo presidente electo, el islamista Mohamed Morsi. Sisi se quedó en el poder y fue reelegido presidente el año pasado.

- Presión internacional -

La Unión Africana amenazó por su parte el lunes con suspender la participación de Sudán si el ejército no cedía el poder a una "autoridad política civil" dentro de 15 días.

Varios países occcidentales pidieron igualmente a las autoridades que no utilicen la violencia para dispersar las manifestaciones.

Al menos 65 personas murieron desde el inicio de las protestas, según un saldo oficial.

Tras la caída de Bashir militares y manifestantes confraternizaron en las calles de Jartum, pero esas relaciones han vuelto a tensarse.

Las fuerzas armadas han colgado una pancarta en un muro de su cuartel general en la que piden a la población "no acercarse".

"Nuestra principal demanda es que no haya violencia, que no intenten dispersar la concentración por la fuerza" escribió el lunes en un tuit el embajador británico en Sudán, Irfan Siddiq, tras reunirse con el jefe adjunto del Consejo militar, Mohamad Hamdan Daglo, apodado "Himeidti".

- Figura controvertida -

Jefe de operaciones de la Fuerza de apoyo rápido (paramilitar), "Himeidti" es una figura controvertida, acusada de violaciones de los derechos humanos en la región de Darfur (oeste). Algunos manifestantes afirman sin embargo que ahora está del "lado del pueblo" y por ello exhiben su retrato durante las protestas.

Aunque el general Abdel Fatah al Burhan, que encabeza el Consejo militar desde el viernes, ha prometido "eliminar las raíces" del régimen de Bashir, en la junta hay numerosos pilares de ese sistema.

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