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Marines de Estados Unidos y soldados afganos, durante una ceremonia de traspaso en el campamento de Leatherneck, en la provincia afgana de Helmand, el 29 de abril de 2017

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Los primeros marines estadounidenses regresaron a Helmand, provincia del sur de Afganistán controlada en parte por los talibanes y de la que se habían retirado en 2014 sin conseguir controlar a los rebeldes.

Los 30 primeros marines, de un destacamento total de 300 que se desplegarán progresivamente, llegaron los últimos días, precisaron varios de ellos a la AFP.

El destacamento toma posición cuando comienza la ofensiva de primavera de los talibanes, motivada por las recientes conquistas territoriales.

Una ceremonia a la que asistirá el general John Nicholson, jefe de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, marcará el regreso de este prestigioso cuerpo que sufrió importantes pérdidas en esta agitada provincia, centro de la producción de adormideras en el país.

El envío de estos soldados se efectúa en el marco de las rotaciones del Ejército estadounidense, que cuenta con 8.400 hombres desplegados bajo mandato de la OTAN en el país, sobre todo en apoyo a las fuerzas afganas en su lucha contra los combatientes islamistas. Sin embargo, 2.150 de ellos dirigen misiones contra grupos acusados de terrorismo.

A diferencia de sus precedentes estancias, esta vez no se prevé que los marines participen directamente en el combate contra los rebeldes. Su misión consistirá en entrenar y asesorar a los mandos del Ejército y de la policía afganos.

En la provincia de Helmand, fronteriza con Pakistán, Estados Unidos y Reino Unido sufrieron en el pasado cientos de bajas en sus filas.

Helmand es también la provincia donde se cultiva la adormidera, de donde se extrae el opio, la droga de la que los talibanes obtienen la mayoría de sus ingresos a través de las tasas impuestas a los propietarios de las explotaciones.

Los talibanes amenazan con apropiarse de la capital provincial de Helmand, Lashkar-Gah.

- Talibanes y criminales -

"El cuerpo de marines tiene un pasado operacional en Afganistán, especialmente en la provincia de Helmand", señalaron sus responsables. "Asesorar y asistir a las fuerzas de seguridad afganas ayudará a preservar los logros obtenidos junto a los afganos" en años anteriores, estiman.

"Si las fuerzas afganas y los Marines combaten juntos el terrorismo en Helmand, podemos esperar resultados tangibles", confió el experto militar Mirza Mohammad Yarman, antiguo general retirado.

Las fuerzas afganas perdieron terreno frente a los talibanes en los últimos tiempos y ya sólo controlan el 57% de los 460 distritos del país.

Para James Clark, un exmarine que estuvo dos veces en Helmand, este pequeño contingente es "como mucho, una medida paliativa, como poco, un gesto para nada", explicó a la AFP. "El contingente reforzado en el que yo participé luchó para expulsar a los talibanes y debilitarlos, pero estos avances no podían durar después de que nuestra misión hubiera concluido".

Hoy, "nuestra presencia no es suficiente para hacer cambiar el rumbo" de las cosas, agregó. "Es demasiado reducida para Afganistán".

Además, desde la retirada de los marines y de la mayoría de las fuerzas de combate occidentales, a finales de 2014, el grupo yihadista Estado Islámico se instaló en el este del país, en algunos distritos del Nangarhar.

La situación de Helmand es particular, como lo señaló este invierno el general John Nicholson: el problema no es sólo bloquear a los talibanes, sino también las redes criminales que prosperan con el tráfico de drogas, aseguró.

"No hay que ver únicamente un enfrentamiento entre el Gobierno y los talibanes", declaró. "Lo que nosotros vemos en la provincia de Helmand son redes de criminales en conexión con los rebeldes que luchan para conservar su capacidad de hacer dinero".

Afganistán es el principal productor mundial de opio. La ONU evaluó la producción de 2016 entre 4.600 y 6.000 toneladas, en fuerte ascenso (3.300 toneladas en 2015), con un incremento de las superficies cultivadas de un 10% en un año.

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