En el campamento de Moria, en la isla griega de Lesbos, convertida en principal puerta de entrada de migrantes en Europa, Ezzatolah Soleimani, joven afgano de 16 años, vive desde hace dos meses entre la insalubridad y la desesperanza, abandonado a su suerte pese a ser un menor no acompañado.

"Duermo sobre una manta, no tengo una tienda ahora que llega el invierno", relata el adolescente, que hizo el viaje en solitario desde Irán, donde su familia se ha quedado.

"Por la noche, hay frecuentes peleas. Para ir al baño, tomar una ducha, comer, debo esperar durante horas", dice.

Como menor no acompañado, Ezzatolah debería disponer de una cama en una caravana de la "sección B" de Moria, donde son alojados únicamente niños bajo supervisión de personal especializado. Pero hay solo 160 plazas para más de 500 jóvenes sin familia actualmente en Moria, según la Unicef.

"Fue muy difícil viajar solo. En Turquía, varias veces me pegó la policía. No siempre tenía dinero para comprar comida y ahora me enfrento a condiciones difíciles y debo esperar, siempre esperar", dice el muchacho.

"Desde que llegué, quiero ver a un médico", en vano, añade Ezzatolah, que admite "llorar frecuentemente".

- Asumir parte de la carga -

Según la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) entre enero y septiembre 8.300 menores, de ellos 1.600 no acompañados, han sido acogidos en los superpoblados campamentos de las islas del mar Egeo, una cifra sin precedentes desde 2016.

El primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis pidió que los países europeos "asuman una parte de la carga", en una entrevista con la AFP.

En mayo, el Consejo de Europa pidió a Atenas medidas urgentes para que los menores que estén solos no sean albergados en campamentos o en centros no adaptados a las personas vulnerables.

Pero cinco meses más tarde, de los 4.600 menores migrantes no acompañados existerntes en Grecia solamente un 26% viven en lugares adaptados, según el ACNUR. La mayoría están detenidos en campamentos, según el Centro nacional de solidaridad social, que centraliza la gestión de estos menores.

El principal riesgo para estos jóvenes es ser captados por redes de explotación sexual, de mendicidad forzada, de tráficos de drogas o de ladrones.

En el campamento de Skaramagkas, cerca de Atenas, Ahmed, de 17 años, está "desanimado": desde hace un año y medio, intenta llegar a Suecia, donde se hallan su padre y sus dos hermanos, pero "los procesos de reunificación familiar son demasiado largos".

"Cuando eres menor, no puedes trabajar legalmente, y es muy duro sobrevivir. Muchos son tentados con ganar dinero mediante tráficos de droga o vendiendo objetos robados", asegura.

- "Ayudar a las mujeres" -

En una casa neoclásica del centro de Atenas, Tayebe, una afgana de 17 años, ha tenido más suerte. Es acogida en una residencia para muchachas y madres menores, gestionada por la ONG "Home project".

La joven, desde hace ocho meses en Grecia, tiene una beca para estudiar en el mejor liceo privado de Grecia, el "Colegio Americano", y sueña con convertirse en "psicóloga" para "ayudar a las mujeres para que se emancipen y tengan la libertad de elegir", comenta.

Las jóvenes de la residencia "han huido de la guerra, la pobreza, los matrimonios forzados, otras han sido golpeadas, violadas. A menudo están deprimidas cuando llegan aquí. Intentamos que empiecen una nueva vida", subraya el responsable de los centros de acogida de Atenas, Fotis Parthenides.

"Estos jóvenes han sufrido tanta violencia que no pueden ser abandonados a su suerte", asegura Sofia Kouvelaki, directora de Home Project. "Nos enfrentamos a la peor situación desde 2016".

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