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Unos partidarios del islamista Mumtaz Qadri, ahorcado por haber asesinado al gobernador de Punyab, protestan contra el Gobierno el 30 de marzo frente al Parlamento de Pakistán, en Islamabad

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Los musulmanes radicales acampados desde hace días frente a la presidencia paquistaní en Islamabad rehusaban este miércoles dispersarse y dijeron estar dispuestos "a morir" ante las fuerzas de seguridad, que se preparaban para evacuarlos.

Los manifestantes, que exigen entre otras demandas la ejecución por ahorcamiento de una cristiana acusada de blasfemia, paralizan desde hace días el acceso a las sedes de las principales instituciones políticas del país y están dispuestos a no moverse mientras no se satisfagan sus exigencias.

Este duro enfrentamiento se produce pocos días después de un sangriento atentado anticristiano, que el Domingo de Pascua causó 73 muertos en Lahore.

Esta situación ilustra las profundas divisiones religiosas en Pakistán, un país de más de 180 millones de habitantes, y mayoritariamente musulmán.

La movilización empezó el domingo en la ciudad de Rawalpindi, junto a Islamabad, con una manifestación que congregó a 25.000 personas en homenaje a Mumtaz Qadri. Este islamista fue ahorcado a finales de febrero por haber asesinado en 2011 al gobernador de Punyab, favorable a flexibilizar la controvertida ley sobre la blasfemia.

Varios miles de manifestantes marcharon luego hacia la capital, antes de instalarse en la avenida de la Constitución, que da acceso al Parlamento, la sede de la Presidencia y a las oficinas del Gobierno.

Los islamistas también piden la ejecución de Asia Bibi, una mujer cristiana, madre de cinco hijos, condenada por blasfemia en 2010. Reclaman además que se declare "mártir" a Mumtaz Qadri, y, entre otras cosas, que se aplique de manera estricta la 'sharia', la ley islámica.

Esas exigencias han sido hasta ahora rechazadas por el Gobierno. "Si los manifestantes no se dispersan pacíficamente esta noche haremos que se vayan el miércoles por la mañana", declaró el ministro del Interior, Chaudhry Nisar Ali Khan, el martes por la noche.

Sin embargo, este miércoles a media jornada los manifestantes seguían congregados ante la presidencia, gritando eslóganes religiosos. "No dejaremos el lugar hasta que nuestras diez exigencias sean satisfechas", dijo uno de ellos, Arshad Asif Jalali. "Nuestros partidarios están dispuestos a morir. Si el Gobierno lanza una operación, no huirán, se enfrentarán a las balas" añadió.

Un oficial de policía, que requirió el anonimato, afirmó que hay negociaciones entre las autoridades y representantes de los manifestantes. Según el oficial, más de 4.000 miembros de las fuerzas de seguridad estaban en el lugar y otros 2.000 a punto de ser desplegados si los manifestantes no cooperan.

El ahorcamiento de Qadri, calificado por los expertos como un "hito" en la lucha de Pakistán contra el extremismo, ha generado una enorme tensión entre el poder y los sectores más radicales de este país conservador.

A finales de febrero, su funeral congregó a decenas de miles de personas, una demostración de fuerza de los extremistas que preocupa a las franjas moderadas.

El llamamiento a ejecutar a Asia Bibi coincide con el atentado del Domingo de Pascua en Lahore y refuerza el sentimiento de inseguridad entre las minorías en Pakistán. "Es un sentimiento de gran pena, tristeza y miedo", explica Shamoon Gill, portavoz de una organización de defensa de las minorías. El atentado en un parque de Lahore da a los cristianos la impresión de que "ningún lugar es seguro" para ellos, mientras que la muchedumbre congregada en Islamabad es "peligrosa", según Gill.

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AFP