Contenido externo

El siguiente contenido proviene de socios externos. No podemos garantizar al usuario el acceso a todos los contenidos.

Un palestino pasa frente a un grupo de policías de fronteras israelíes que montan guardia mientras fieles musulmanes rezan frente a la Ciudad Vieja de Jerusalén, el pasado 28 de julio

(afp_tickers)

La marcha atrás de Israel en las medidas de seguridad en torno a la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, un lugar de gran simbolismo para los palestinos, es vista por éstos como una rara victoria en su lucha contra la ocupación israelí.

"Los palestinos salieron galvanizados por lo que, para ellos, representa un éxito en un océano de derrotas", declaró a la AFP Ofer Zalzberg, del centro de análisis International Crisis Group (ICG).

La Explanada de las Mezquitas, tercer lugar sagrado del Islam, está situada en Jerusalén Este, parte palestina de la ciudad ocupada y anexada por Israel, aunque la ONU nunca ha reconocido esa anexión.

Los palestinos quieren que Jerusalén Este sea la capital del Estado al que aspiran, y la Explanada de las Mezquitas, que los judíos denominan Monte del Templo y es el lugar más sagrado del judaísmo, es un punto ultrasensible.

Cuando hace dos semanas Israel decidió instalar detectores de metal y cámaras en sus accesos tras un ataque mortal contra dos policías israelíes, el 14 de julio, la ira de los palestinos estalló.

Desde su punto de vista, el Estado hebreo buscaba con esas medidas de seguridad reforzar su control sobre un punto simbólico para la soberanía del Estado. Israel, por su parte, las justificaba subrayando que los atacantes podían haber escondido sus armas en la Explanada.

En reacción, las autoridades religiosas musulmanas, el Waqf, llamaron a los fieles a boicotear la Explanada y rezar ante sus entradas, en la Ciudad Vieja.

Hubo numerosas manifestaciones y la tensión se disparó el 21 de julio, cuando, coincidiendo con la oración musulmana del viernes, estallaron enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad israelíes y manifestantes palestinos que dejaron tres muertos en Jerusalén este y los territorios ocupados.

Esa misma noche, un palestino entró en una casa de colonos israelíes en Cisjordania ocupada y mató a tres de ellos.

- De todos los flancos -

La tensión se prolongó dos semanas, durante las cuales hubo movilizaciones de amplios sectores de la sociedad palestina.

"Se movilizaron personas de todos los flancos, religiosos, no religiosos, musulmanes, cristianos, ricos y pobres", subraya Diana Buttu, exresponsable política palestina convertida en analista.

En su opinión, los partidos y grupos políticos tradicionales, como el Fatah del presidente palestino, Mahmud Abas, no fueron el motor de las protestas callejeras.

Ante las manifestaciones y las fuertes presiones internacionales, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, acabó por dar marcha atrás en dos pasos: primero, anunciando la retirada de los detectores de metal y, luego, la eliminación total de todas las medidas de seguridad instaladas el 16 de julio.

Cientos de palestinos acudieron inmediatamente después a los alrededores de la Explanada.

Cuando un palestino intentó tomarla con las fuerzas israelíes, la multitud lo reprendió, prefiriendo celebrar lo que veía como una victoria.

Unos jóvenes colocaron una gran bandera palestina en una de las murallas de la Ciudad Vieja, algo muy infrecuente en Jerusalén, que para Israel es su capital indivisible.

"Estamos felices. Yo vivo lejos, pero marché por [la mezquita de] Al Aqsa", explicó a la AFP una de las manifestantes, Nisreen.

- "Humillación" -

Según un sondeo, 77% de los judíos israelíes consideran que Netanyahu capituló. Incluso el diario Israel Hayom, fiel apoyo del primer ministro, criticó su gestión de la crisis.

Netanyahu defendió este domingo su decisión de retirar los detectores de metales, afirmando que lo hizo para preservar la seguridad.

"Escucho la sensibilidad del público, entiendo sus sentimientos, sé que la decisión que tomamos no es la más fácil", afirmó el mandatario israelí hablando en público por primera vez del tema en la reunión semanal de gabinete.

"Al mismo tiempo, por mi posición de primer ministro, del que lleva la carga de la seguridad de Israel sobre sus hombros, estoy obligado a tomar decisiones con calma y con atención", agregó.

Netanyahu, quien encabeza un gobierno considerado el más conservador de la historia del país, dijo ser favorable a la pena de muerte para el palestino que mató a tres israelíes. Comentaristas políticos consideran que se trata de una forma de calmar las críticas de los sectores más duros de su mayoría.

"Hay un fuerte sentimiento de humillación, sobre todo entre el ala de la derecha", dice a la AFP Ofer Zalzberg. "Para superar esta humillación, fuerzan al gobierno a que les dé otra cosa", añade.

Según este analista, Israel no estuvo en posición de "detener el movimiento debido a su amplitud y al hecho de que afectaba a Al Aqsa".

Pero ahora que el peligro inmediato pasó, existe un riesgo de que regresen las disputas viscerales entre palestinos, señala.

Para Ofer Zalzberg, los jóvenes, que constituyeron el grueso de los asistentes a las manifestaciones, sacarán lecciones de estos acontecimientos.

"La próxima vez que esté en juego una cuestión fundamental, ¿no se dirigirán a la misma autoridad religiosa y le dirán: 'Ustedes ganaron con los detectores de metal, ¿por qué no hacemos algo?'?"

Neuer Inhalt

Horizontal Line


subscription form

Formulario para abonarse al Newsletter de swissinfo

Regístrese para recibir en su correo electrónico nuestro boletín semanal con una selección de los artículos más interesantes

Formulario para abonarse al Newsletter de swissinfo

swissinfo en español en Facebook

Únete a la nueva página de SWISSINFO EN ESPAÑOL en Facebook

Únete a la nueva página de SWISSINFO EN ESPAÑOL en Facebook

AFP