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Mohamed Abdeslam, hermano de dos de los yihadistas que participaron en los atentados de París, coloca velas en el alféizar de la ventana del apartamento familiar durante la noche de las velas en Molenbeek, Bruselas, el 18 de noviembre de 2015

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"No es verdad", dice, sollozando, el hermano de uno de los yihadistas que se hizo estallar en el Bataclan tras disparar contra el público. Como él, los familiares de los autores de los atentados de París hacen frente a la desesperación y a la ignominia de su entorno.

El sábado 14 de noviembre, este hombre, padre de familia residente en Bondoufle (un barrio periférico al sur de París), había pasado casi 24 horas sin apartar la vista de los canales de información, que pasaban ininterrumpidamente las imágenes de los atentados de la víspera.

Su hermano, Omar Mostefaï, del que no tenía noticias desde hacía meses, había sido identificado formalmente por los investigadores como uno de los kamikazes de la sala de conciertos Bataclan (90 muertos). Aunque su nombre no había aparecido todavía en la prensa, algunos periodistas trataban ya de contactar a su familia.

"¡Es de locos, un delirio!", gritaba, reteniendo las lágrimas. "¿A quién puedo llamar para saberlo exactamente?", le preguntó a un periodista de la AFP.

Su esposa, angustiada, afirma de repente: "Empieza a preocuparme realmente..." El marido la interrumpe: "¡Para! Capaz que estaba allí como público y murió!".

"¿Qué relación tiene con nosotros? Estábamos distanciados desde hacía años. Yo quiero proteger a mis hijos", le dice su mujer.

El hombre se aísla. Su madre, que le habla por teléfono, no parece estar al tanto de nada. Él le dice que "no hay nada" y cuelga el teléfono. "No tengo ganas de decirle cualquier cosa y que tenga una crisis cardíaca".

Poco después, en plena noche, se presenta con su esposa ante la policía, que lo detiene para interrogarlo y lo libera poco después. Ningún cargo pesa contra él. Pero desde su liberación, vive encerrado en su casa, donde responde a periodistas del mundo entero. De su hermano Omar Mostefaï, hace un solo comentario: "Se convirtió en un monstruo".

- 'Pese a todo, es su hijo' -

El mismo espanto se apoderó de los padres, hermanos o hermanas de los otros yihadistas.

Algunos se lo esperaban, como la madre de Bilal Hadfi, de 20 años, que se hizo estallar junto al Estadio de Francia. Ella había calificado a su hijo de "olla a presión" en declaraciones al diario La Libre Belgique. "Tenía la impresión de que iba a estallar de un día a otro".

Otros mantenían la esperanza de recuperarlos, como la familia de Samy Amimour, que trató por todos los medios de repatriar a su hijo de 28 años que se fue a Siria en 2013. Pero él respondió haciéndose estallar en Bataclan.

La familia de Hasna Aitboulahcen optó por tomar distancia de los actos de la joven prima del presunto organizador de los atentados, Abdelhamid Abaaoud, muertos ambos el miércoles pasado en el asalto de la policía a un edificio de Saint-Denis en el que estaban escondidos. "No tenemos nada que ver con esos acontecimientos, ni de lejos ni de cerca" y "no tenemos por qué justificarnos", declaró a la AFP uno de sus hermanos.

Sea cual sea su actitud, todos deben hacer frente al hecho de llorar a sus parientes pese a las atrocidades. "Pensamos efectivamente en las víctimas, en sus familias", declaró Mohamed Abdeslam, hermano de dos yihadistas. Uno se hizo estallar en la terraza de un café parisino tras disparar contra sus clientes, el otro ha pasado a ser el fugitivo más buscado de Europa. "Pero ustedes deben comprender que nosotros también tenemos una familia, tenemos una mamá, y es su hijo pese a todo", añadió.

AFP