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La canciller alemana, Angela Merkel, en una rueda de prensa en la sede del partido Unión Democrática Cristiana (CDU) en Berlín el 25 de septiembre de 2017

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Tras las elecciones legislativas alemanas del domingo, marcadas por una frágil victoria del partido conservador de Angela Merkel y la emergencia de la extrema derecha, los partidos políticos de Alemania buscan una mayoría para formar gobierno.

La conservadora CDU, de la canciller alemana, y su aliado bávaro CSU han citado a su grupo parlamentario tras la victoria del domingo (33%), la más débil en casi 70 años, y ocho puntos por debajo de lo obtenido en 2013.

También se reúnen los diputados del AfD, el partido de extrema derecha antislam y antinmigración, que ocupó un histórico tercer lugar (12,6% de votos, por detrás de los socialdemócratas, con el 20,5%), y entra por primera vez desde el final el fin de la Segunda Guerra Mundial en el Bundestag, la cámara baja.

Uno de los líderes de AfD, Alexander Gauland, instó recientemente a los alemanes a estar "orgullosos" de los soldados del Tercer Reich. Sin embargo, Gauland quiso dar un mensaje de tranquilidad este martes, al afirmar que "desde luego el discurso durante la campaña electoral es muy diferente del que será utilizado en el Bundestag".

Varios responsables de AfD anunciaron este martes que se distanciaban del partido por su evolución extremista. Su dirigente en el estado de Renania del Norte-Westfalia (oeste), el más poblado Alemania, dijo abandonaba la formación. Marcus Pretzell justificó su decisión en una entrevista con Die Welt "por su evaluación no muy optimista sobre la evolución del AfD".

Pretzell sigue los pasos de su esposa, Frauke Petry, hasta ahora una de los dirigentes de la formación, quien anunció su rechazo a formar parte de la bancada parlamentaria del AfD y anunció este martes que próximamente abandonará el partido.

Tras su frágil victoria, la familia política de Merkel no tendrá una reunión fácil. En la CSU y entre los más conservadores de CDU, se considera que el rumbo demasiado centrista de la canciller provocó una hemorragia de votos, cerca de un millón, hacia AfD.

Para los sectores más conservadores, la incapacidad para responder a los temores causados por la apertura de fronteras en 2015 a centenares de miles de refugiados ha impedido una clara victoria de Merkel y sus aliados.

Pero los conservadores deberán buscar la unidad de miras antes de negociar con los Verdes (8,9%) y los liberales del FDP (10,7%) para formar un gobierno.

No será fácil porque la CSU de Baviera tiene como reivindicación principal que se ponga un límite al numero de solicitantes de asilo aceptados cada año, algo que Merkel rechaza desde hace dos años.

Incluso si se satisfacen las demandas de los sectores más conservadores, esto podría tener como efecto que los 67 diputados Verdes se nieguen a negociar. Y, sin ellos, una coalición de gobierno es imposible.

Por ello, reunir en un mismo ejecutivo a centristas, al ala más dura de los conservadores, a liberales y a ecologistas se anuncia como una tarea muy difícil para Merkel, lo que podría llevar varios meses.

Y, si no hay acuerdo, la canciller no podrá iniciar un cuarto mandato, salvo formar un improbable gobierno minoritario, y se podrían convocar elecciones anticipadas.

Sin embargo, dos días después de las elecciones, los alemanes se declaran favorables a esta curiosa coalición de tres, bautizada "Jamaica" debido a los colores negro, amarillo y verde de los tres partidos implicados.

A primera vista, esta coalición en principio contra natura, sólo existe en una pequeña región nórdica, el Schleswig-Holstein.

Según un sondeo de la cadena pública ARD, un 57% quiere que CDU/CSU, Verdes y liberales FDP formen el próximo gobierno, un aumento de 34 puntos desde el domingo. Y otro 58% desea que Merkel permanezca en la cancillería.

Estas negociaciones serán observadas muy de cerca en Europa, ya que el acuerdo de coalición incluirá seguramente las reformas en la zona euro.

Sin apoyo alemán, las propuestas para reformar Europa del presidente francés, Emmanuel Macron, difícilmente podrán imponerse.

Pero, entre los conservadores y liberales, la idea de un presupuesto común europeo está mal vista y es considerada un intento de imponer a los alemanes el pago de los excesos presupuestarios de los demás países.

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AFP