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Un trabajador mira el mar desde la plataforma petrolera "Cidade de Itaguai", a 240 km de la costa de Rio de Janeiro, Brasil, el 10 de noviembre de 2017

(afp_tickers)

Lucas Azevedo es gráfico a más no poder: "Estamos encima de una bomba", afirma, observando la maraña de tubos y válvulas que brotan de esta pionera plataforma brasileña de extracción de crudo desde la profundidad del Atlántico.

Azevedo, de 28 años, está a cargo de la seguridad de "Cidade de Itaguai", un monstruoso complejo de Petrobras, a unos 240 km de la costa de Rio de Janeiro.

Es, por tanto, el responsable de que las normas se cumplan para evitar cualquier riesgo: desde que la tripulación caiga por las escaleras hasta que el lugar estalle por los aires.

Y es que una explosión no es un temor irracional cuando bajo tus pies hay ductos kilométricos succionando petróleo del fondo del océano.

La plataforma -en realidad, un petrolero reconvertido- está atiborrada de redes de conductos de crudo y gas natural, amén de almacenar 1,6 millones de barriles de petróleo.

"Una fuga de gas podría provocar una explosión (...). Habría muchas víctimas", resume Azevedo cuando, se le pregunta por su principal preocupación.

Anclada sobre un abismo de aguas turbulentas de 2.240 metros de profundidad, 'Cidade de Itaguai' desafía las fuerzas más elementales de la naturaleza y lo que, hasta hace poco, eran consideradas también las limitaciones humanas.

La plataforma flota sobre uno de los llamados campos de "pre-sal", ricos yacimientos que se extienden bajo la capa de sal del fondo del océano. Para llegar hasta allí, se requiere una combinación de alta tecnología con artilugios algo más simples, como tuberías extremadamente largas y resistentes.

La recompensa vale la pena, según Petrobras y la creciente lista de socios extranjeros en esos proyectos.

El campo 'Lula', sobre el que se sitúa la plataforma, tiene un estimado de 8.300 millones de barriles de reservas, de lejos la parte más importante de la cuenca de Santos, que actualmente produce un 40% del crudo de Brasil.

Solo en Lula, la producción es de 799.000 barriles por día. Eso se logra mediante el bombeo de siete pozos que perforan hasta 5 km bajo el lecho marino.

Hasta hace una década, este tipo de operaciones parecía de ciencia ficción. Ahora, solo las grandes compañías petroleras pueden realizarlas.

"El equipamiento cada vez es más grande y eso también aumenta las complicaciones", dice el sudafricano Johan Vermaak, director de la plataforma. "Esto que tenemos aquí es realmente innovador", agrega.

- Claustrofobia -

El acceso a la plataforma se efectúa por helicóptero, como ocurrió en una reciente visita al lugar de la AFP y tres medios brasileños.

Desde el aire, 'Cidade de Itaguai' parece la creación de algún científico delirante: un buque ordinario, adornado con tubos blancos y amarillos y andamiajes que parecieran dejar apenas espacio para moverse.

Con siete pisos y una cubierta equivalente al área de tres campos de fútbol, los 150 miembros de su tripulación pasan la mayoría del tiempo subiendo y bajando escarpadas escaleras y circulando por largos pasillos sin ventanas.

Aunque el barco, retenido por 24 anclas gigantescas, se encuentre en el medio del océano, la mayoría de los puestos de trabajo en el exterior tienen una vista limitada al agua.

Una vez dentro, solo el leve vaivén del casco provocado por las olas recuerda que se vive en alta mar.

Petrobras contrató a la empresa Modec -con sede en Tokio- para hacer funcionar la instalación, con un equipo formado en un 85% por brasileños. Los demás proceden de países tan lejanos como India, Italia, Malasia o Ucrania.

La mayoría trabaja dos semanas seguidas y luego vuelan de vuelta a tierra firme, para una pausa de otras dos semanas.

A bordo, duermen en literas en cabinas pequeñas y sencillas, donde una ducha con agua caliente y un televisor son los únicos lujos.

La conexión internet es débil, apenas suficiente para enviar e-mails. Hay dos cabinas telefónicas para hacer llamadas a casa, una pequeña sala para videojuegos, un gimnasio igualmente pequeño y una cantina.

Las largas horas en alta mar, con entretenimiento limitado, espacios reducidos, alcohol prohibido y un sinfín de normas, hacen que la claustrofobia sea un problema recurrente.

"Estamos confinados, a millas de la costa y en un contexto operacional que ya es estresante de por sí", dice Vinicius Ferreira, el médico del barco.

- ¿La última frontera? -

Cada día, 150.000 barriles de petróleo van desde unas tuberías en un lateral del barco hasta el complejo de tratamiento sobre la cubierta, para ser almacenados.

Dos veces por semana, el petróleo es traspasado a dos buques cisterna por paquidérmicas mangueras.

La estatal Petrobras, golpeada por un megascándalo de corrupción y por la caída de los precios del crudo, apuesta fuerte por el "pre-sal", con la perspectiva de duplicar la producción en Santos, de 1,15 millones de barriles diarios en la actualidad a 2,1 millones hacia 2021.

Pero con los precios deprimidos del barril y las energías renovables en alza, Vermaak, un veterano trabajador de plataformas offshore, se pregunta si el "pre-sal" es la última frontera, o la línea que marque el fin de la predominancia de los hidrocarburos.

"Este puede ser el punto final", afirma.

Para la mayoría de los hombres y las pocas mujeres de 'Cidade de Itaguai', esas predicciones a largo plazo carecen de sentido.

Su objetivo es más simple: extraer petróleo de forma segura hoy y mañana regresar a casa.

¿La primera cosa que les viene a la cabeza cuando toman el helicóptero de vuelta a casa?

Con su voz quebrada y una carcajada, Vermaak responde: "¡Alcohol!"

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AFP