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Una tumba en un cementerio de Bar Elias en el valle de la Beká, en Líbano, el 13 de mayo de 2016. Líbano acoge a más de un millón de refugiados sirios, según la ONU, y en localidades fronterizas resulta muy difícil conseguir sitio en un cementerio

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Como si perder a tres bebés en tres años no fuera bastante, Ahmed al Mustafá y su esposa, refugiados sirios en Líbano, tuvieron que movilizar cielo y tierra para encontrar dónde enterrarlos.

En el exterior de su casa improvisada, en el campo de refugiados cercano a Bar Elias en el valle de la Beká (este), el hombre de 29 años recuerda a sus tres hijos nacidos en el exilio.

Uno murió a los tres meses, otro vivió cinco días y el tercero sucumbió tras solo dos horas, cuenta este antiguo obrero de la construcción de Alepo, la gran ciudad del norte de Siria, el país del que huyó hace cinco años.

En la Beká, los refugiados sirios representan más de un tercio de la población local, según la ONU. En esta región fronteriza de Siria, pueblos y localidades tienen dificultades para acomodarlos y enterrarlos.

Al morir su primer hijo, Ahmad contactó a un conocido de una ciudad vecina que fue lo bastante generoso como para dejarle un pequeño pedazo de terreno de su parcela familiar. Cuando falleció el segundo, "tuvimos que abrir esta tumba y los enterramos juntos".

Y con la ayuda de un dignatario religioso local pudo enterrar en otra ciudad al tercer bebé. "Pedimos a las autoridades (...) que nos encuentren un espacio de tierra no cultivable para que si muriera otro podamos enterrarlo", explica Ahmad, quien tiene dos hijos con vida.

- 250 dólares por una tumba -

"Ya no hay espacio ni para los sirios ni para los libaneses", afirma el alcalde Saad Mayta, quien explica que la llegada de los refugiados ha puesto a prueba los servicios públicos de su ciudad.

Y para aquellos que llegan a encontrar un trozo de terreno, el coste de la tumba puede a veces elevarse a 250 dólares, una fortuna para esta población necesitada.

Las organizaciones internacionales y las autoridades libanesas aseguran que la tasa de mortalidad de los refugiados es mucho más alta que la de la población local, ya que son más vulnerables, aunque se carece de cifras oficiales.

"La solución es que los sirios vuelvan a sus casas", resopla Mayta. "Ya nos cuesta atender a los habitantes libaneses".

- Bebé enterrado a escondidas -

En el exterior de Bar Elias, en un campo de refugiados situado entre un terreno de patatas y filas de calabacines, una madre de familia siria que desea conservar el anonimato explica que su bebé nacido muerto tuvo que ser enterrado a escondidas.

Cuenta que el guarda del cementerio de una ciudad vecina echó a su marido y le dijo que "los sirios no pueden enterrar aquí a sus hijos". Su marido "volvió cuando cayó la noche" con el cadáver y lo enterró.

Bar Elias abrió este mes un nuevo cementerio. El jeque local, Wisam Mohamad Anuz, asegura que habrá espacios reservados "para nuestros hermanos sirios", pero reconoce que se trata de una solución temporal.

Él y otros jeques de ciudades de la Beká han tratado de encontrar una parcela para acoger un cementerio dedicado a los sirios, dice. Pero nadie ha querido venderla. "Si el metro cuadrado estaba a 10 dólares, pasó a 50 dólares en cuanto el propietario se enteró de que era para un cementerio", explica.

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AFP