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La catedral de Colonia, en Alemania, vista detrás de un cartel promocional que reza "Amo Colonia" el 7 de enero de 2016

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"Nuestra primera reacción fue: ahora los alemanes nos van a odiar", reconoce Asim Vllaznim, recordando el momento en que su familia se enteró por televisión de las agresiones de Nochevieja en Colonia.

"Lo que hicieron en la estación central es una vergüenza", se indigna este kosovar de 32 años, en la habitación de un centro de solicitantes de asilo de esta ciudad del oeste de Alemania en la que ofrece té.

La noche del 31 de diciembre se convirtió en una pesadilla en Colonia, cuando pandillas de hombres agredieron a mujeres en las inmediaciones de la catedral y de la estación. Algunos testigos afirman que eran "árabes" y "norteafricanos".

La policía recibió más de 120 demandas por agresiones sexuales o robo, o los dos. Además, dos mujeres declararon haber sido violadas. Hubo hechos similares, a menor escala, en Hamburgo (norte) y Stuttgart (sur).

El Ministerio del Interior federal afirma que la policía está investigando a 31 "sospechosos", de los cuales 18 son solicitantes de asilo, por actos violentos y robos cometidos esa noche. No menciona que sea por agresiones sexuales ni informa de detenciones.

Las autoridades locales piden evitar hacer amalgama, pero algunas voces establecen un vínculo directo entre los refugiados y lo ocurrido en el país, que acogió a 1,1 millones de solicitantes de asilo en 2015.

- Presión -

"No son buenas noticias para Merkel", suspira Vllaznim, mientras dos de sus cinco hijos saltan en la cama.

Él tiene fe en la canciller y en su "lo conseguiremos", que repitió hasta la saciedad a los alemanes cuando empezaban a preocuparse por el flujo de refugiados. Pero sabe que 'mamá Merkel' se encuentra bajo presión.

"Doy las gracias a los alemanes por habernos acogido (…) Querría decirles que no tengan miedo", prosigue este kosovar que lleva año y medio en Colonia.

Harto de las discriminaciones contra los ashkalis, la minoría étnica a la que pertenece su familia, se fue de los Balcanes para que sus hijos no crecieran allí.

"No somos mala gente, sólo buscamos una vida mejor", dice. Vllaznim espera que el alcohol no pervirtiera a algunos refugiados. "Sería terrible", dice este hombre, partidario de que todos los agresores acaben "en la cárcel".

"En todas las culturas, hay gente que no se comporta correctamente", suspira una bosnia de 36 años que prefiere no dar su nombre. "No hay que meter a todos los refugiados en el mismo saco", afirma en un pasillo del edificio de ladrillo que alberga a 623 solicitantes de asilo, en vez de los 550 autorizados. Colonia acoge actualmente a 10.150 en este tipo de centros de emergencia.

- Desconfianza -

La desconfianza es mutua, reconoce esta madre de dos niñas. Ella es musulmana, pero hace meses que no viste el velo islámico ni sale del centro pasadas las cuatro de la tarde, debido a los incendios intencionados de los albergues de refugiados y a las agresiones.

"Entendemos que algunos alemanes tengan miedo", admite después del drama de Colonia. Pero los culpables "quizá no sean refugiados", espera la mujer.

Entre tanto, en Internet los rumores y las informaciones falsas van en aumento, y la incertidumbre aviva el descontento. "Estaría bien saber de quién se trata para detener a los culpables y que los envíen a sus países, poco importa cuál sea", suelta Rute Graca, de 42 años, camino de su lugar de trabajo.

"La gente es más desconfiada que hace un mes", comenta Abdul Baldeh mientras espera el tren. Tiene 28 años y huyó de Guinea. "No hemos venido para crear problemas. Lo que quiero es aprender alemán, tener un trabajo y ser libre".

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AFP