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El presidente de la Asociación de rohinyás de Bradford, Nijam Uddin Mohammed (2º izda.), el vicepresidente, Nur Heda (3º izda.), y otros miembros de la organización posan en la localidad inglesa de Bradford el 27 de septiembre de 2017

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Nijam Uddin Mohammed vive en Bradford, en el norte de Inglaterra, y es parte de la mayor comunidad de rohinyás de Europa. "No nos callaremos", aseguró, pero sin hacerse ilusiones: "Mi pueblo va a desaparecer".

Tiene 36 años, la cara redonda y jovial, y pasó más de 18 años en un campo de refugiados de Bangladés antes de instalarse en Bradford en diciembre de 2008, como parte de un programa del Gobierno británico para proteger a esta minoría musulmana perseguida de Birmania.

"Mi vida empezó aquí. En los campos de refugiados no teníamos ninguna autonomía, para todo lo que hacíamos teníamos que recibir autorización. Era como vivir en la cárcel", explicó a la AFP.

"En Bradford puedo salir de día o de noche, y viajar a donde me apetezca", afirmó, recordando con emoción que por fin pudo ir a la escuela.

Interprete para la sanidad pública británica (NHS) de día y conductor de taxi de noche, Nijam Uddin Mohammed está al frente de la Asociación de rohinyás de Bradford, que cuenta con unos 300 miembros.

Antigua capital mundial de la industria de la lana, Bradford es una localidad cosmopolita donde las casas victorianas comparten espacio con las mezquitas y las fábricas en desuso.

Cada lunes, "después de que acaben las clases", precisó este padre de dos hijos, se reúnen para ver cómo ayudar a sus familias atrapadas entre Birmania y Bangladés.

"Cuando veo lo que pasa en Birmania, me llena de tristeza y rabia", explicó Samuda Harun, de unos 40 años y madre de 7 hijos, antes de mostrar orgullosamente una foto de "mi gran chico", su hijo Ismail Mohamed, que estudia en la Universidad de Bradford.

- "Traición" -

"Si hubiera crecido en Birmania, lo más probable es que a estas horas estuviera muerta", asintió una de sus hijas, Omme Kulsum. Vestida con un largo vestido tradicional blanco y amarillo, con el rostro rodeado por un velo gris que apenas lograba disimular su largo cabello negro, esta adolescente de 17 años explicó que quiere ser enfermera para ir a ayudar a los refugiados rohinyás en Bangladés.

La asociación se ha movilizado en respuesta a la ola de persecución en Birmania, de donde han escapado a Bangladés ya cerca de medio millón de rohinyás.

Manifiestos, actos públicos, cartas a los diputados, a la primera ministra británica, Theresa May... La asociación quiere jugar un papel de lobby.

"El ejército (birmano) quiere reducirnos al silencio, pero aquí somos libres y no tenemos miedo. No nos callaremos", soltó Nijam Uddin. "Aunque nuestros hijos no conocieron Birmania, estarán siempre ahí para hacer escuchar la voz de nuestro pueblo, nunca nos rendiremos".

Las recientes posiciones públicas de la dirigente birmana y nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, y su negativa a condenar la persecución, les indigna.

"¡Es una traición! Teníamos grandes esperanzas, pero en vez de eso, se calla", afirmó encendidamente Nijam Uddin, que recordó que su comunidad se manifestó a favor de su liberación cuando era una disidente del régimen militar, antes de la democratización de Birmania. "Está haciendo política con nuestras vidas", le reprochó.

"¿Es un bulo que mi hermana ha sido violada por el ejército?", se preguntó con indignación Samuda Harun, respondiendo a las declaraciones de la dirigente birmana calificando de falsedades los testimonios de los rohinyás que huyeron de Birmania.

Aunque Nijam Uddin saludó la decisión de Londres de suspender su programa de formación del ejército birmano, para el vicepresidente de la asociación, Nur Huda, son los países musulmanes quienes deben asumir "el liderazgo" en la condena de Birmania, siguiendo el ejemplo de Turquía, cuyo presidente Recep Tayyip Erdogan denunció "el terrorismo budista".

Para Nijam Uddin, "la suerte de los rohinyás concierne a toda la humanidad, no solo a los musulmanes. Ante todo, somos seres humanos que queremos vivir".

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