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Una mujer prepara queso mozzarella en la cocina de su apartamento en Moscú el 2 de octubre de 2015

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¿No queda mozzarella en el supermercado? No pasa nada. Tatiana y Andrei Korchunov la fabrican en su cocina, como otros muchos rusos que se niegan a renunciar a sus alimentos preferidos por el embargo decretado por el Kremlin.

"En una hora, hago fácilmente un queso más fresco y mejor que el que compraba antes de las sanciones", asegura Tatiana, de 25 años, mientras revuelve la leche con la espumadera en la cocina del rascacielos moscovita en el que vive. "Algunos de mis compañeros del banco elaboran sus quesos", añade su marido Andrei, asesor en una entidad financiera de Moscú.

El embargo impuesto por el Kremlin en 2014 a la mayoría de los alimentos occidentales en respuesta a las sanciones decretadas por la crisis ucraniana privó a los gourmets rusos de los quesos franceses, italianos u holandeses.

En reacción, los rusos, acostumbrados en la otrora Unión Soviética a las penurias y a echar mano de la imaginación para sortear los obstáculos, se han lanzado en la fabricación de quesos de cabra y de camemberts.

Otros sacan provecho de esta moda, como Valeria Opanasiuk, experta en finanzas de 25 años que lanzó en enero la página web Cheese Box. Propone kits con fermentos lácticos y material (coladores, termómetros, cucharas dosificadoras) para fabricar queso de cabra, mozzarella, ricota... Las ventas aumentan un 25% por mes, asegura la joven. "En unas semanas, los principiantes podrán elaborar camembert hecho en casa", se felicita.

- "Muy fácil" -

En un año las búsquedas en internet de "recetas caseras de queso" casi se han duplicado (208.000 en julio), según las estadísticas del principal motor de búsqueda ruso, Yandex. Las que llevan la palabra "camembert" se han multiplicado por diez y las del parmesano, por seis.

"Los rusos descubren que fabricar queso de cabra o ricota casero es tan fácil como preparar sus pepinillos tradicionales", resume Valeria.

El culto al queso es bastante reciente en el país, sin tradición de este tipo en la URSS. Los soviéticos conocían apenas dos o tres tipos de queso que consumían principalmente en bocadillo o como ingrediente para sus recetas. Pero, con el desmoronamiento de la URSS en 1991, descubrieron los manjares europeos. En 2013, antes del embargo, Rusia importaba casi 500.000 toneladas de quesos europeos, según la unión de productores de leche rusos.

Para sustituir los "productos importados prohibidos", el gobierno ruso ha aumentado este año en un cuarto la fabricación de los quesos rusos. Pero cuatro de cada cinco contienen aceites vegetales pese a las normas en vigor, denunció recientemente la agencia de protección del consumidor.

Los compradores de los kits vendidos por Valeria proceden sobre todo de las grandes ciudades como Moscú o San Petersburgo, donde el nivel de vida ha permitido en los últimos años la familiarización con los 'delicatessen' europeos. Pero también reciben pedidos de Nijni-Novgorod, Kazán y Samara, a orillas del Volga, o de Rostov del Don, en el sur del país.

- Clientela urbana -

Olga Lazareva, que organiza en Moscú talleres de queso hecho en casa, constata que la mayoría de sus clientes pertenecen a la clase alta o media urbana. Son ingenieros, profesores, informáticos...

Un mercado suficientemente amplio para que su web Syrodelie.ru, que significa "Fabricación de queso" y también propone material para la elaboración de quesos caseros, multiplique sus ventas por cinco en un año y sume cada mes mil clientes más. "Miles de rusos se dieron cuenta de repente que eran dependientes de los quesos europeos (...) y buscan una solución", explicó a la AFP esta antigua directiva del banco público VTB.

Una afición que tiene un precio: unos 2.500 rublos (36 euros) por un kit Cheese Box con material y recetas para la fabricación de dos tipos de quesos, mozzarella y ricota, cabra y halloumi... Y entre 2.300 y 3.400 rublos (de 33 a 49 euros) por los de Syrodelie.ru.

Yulia Lysikova confirma el interés del público. Su centro de formación Syr doma (Queso casero), donde los novatos aprenden en dos días a fabricar Saint-Maure de Touraine, cuelga el cartel de completo.

AFP