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El excomandante talibán afgano Maulvi Abdul Rauf, de 37 años, responde a las preguntas de la AFP durante una entrevista en el distrito de Panjwayi, en la provincia de Kandahar, el 22 de marzo de 2017

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Una controvertida figura de la policía afgana, con el apoyo del Gobierno, acoge a los combatientes talibanes arrepentidos que huyen del vecino Pakistán, en un intento de limitar también la influencia de las autoridades paquistaníes en el conflicto.

El objetivo del jefe de la policía de Kandahar, Abdul Raziq, que en diciembre pidió la creación de "santuarios" para los talibanes dispuestos a dejar las armas, es repatriar a combatientes cansados de combatir en el país vecino.

Al mismo tiempo, es un intento de socavar la influencia de Pakistán, que según las autoridades afganas, alimenta clandestinamente la insurrección.

Hasta ahora, más de 20 talibanes han encontrado refugio en Kandahar, una provincia del sur de Afganistán, desde comandantes de alto rango hasta simples combatientes, según fuentes de seguridad.

La operación, aprobada por el Gobierno de Kabul aunque únicamente para esa zona, la lleva a cabo el adjunto de Abdul Raziq, Sultan Mohamed.

Tres de esos excombatientes hablaron con la AFP por teléfono desde localidades de Kandahar mantenidas en secreto. Todos aseguran haber sido amnistiados y algunos dicen haber recibido vivienda y dinero a cambio de dejar las armas.

"Sultan Mohamed me dijo: 'Vuelve a tu país, a tu patria, sin miedo. Te garantizo que nadie te tocará'", cuenta el mulá Abdul Rauf, de 37 años, un exmiembro de la comisión económica de los talibanes.

"Vino hasta la frontera en coche para recibir a mi familia", explica Rauf, que junto a sus tres mujeres y sus hijos abandonó este año Quetta, en el suroeste de Pakistán.

El consejo de dirección de los talibanes afganos está en esta región.

Entre los talibanes refugiados en Kandahar se encuentran los comandantes Malim Paida y Mohamadulá Jan, así como un jefe rebelde conocido como 'Doctor Jalil'.

- Negociaciones en punto muerto -

Pero la exfiltración de algunos talibanes desde Pakistán tendrá probablemente poca influencia para resolver el conflicto.

Todos los esfuerzos para reanudar las negociaciones entre el Gobierno y los talibanes han fracasado y la violencia continúa.

La semana pasada, los talibanes mataron a más de 140 personas en una base militar del norte de Afganistán, lo que provocó la ira de la población y sumió a las Fuerzas Armadas en el desconcierto.

Sin embargo, Sultan Mohamed asegura que sus esfuerzos permitirán fragilizar la estructura de los talibanes hasta que se derrumbe. "El regreso de esas personalidades de los talibanes abrirá el camino para otros", asegura a la AFP.

Uno de ellos, el 'Doctor Jalil', está convencido que los talibanes los están buscando. "Me matarían por haber abandonado el movimiento", afirma.

Cuando llegó a Afganistán con su familia, Sultan Mohamed le ofreció un lugar seguro y 200 dólares y Jalil ayuda ahora al comandante de policía a recuperar números de teléfono de otros talibanes que podrían querer regresar a su país.

"Muchos están cansados de la guerra y quieren regresar, pero tienen miedo de los servicios secretos del lado paquistaní o de ser detenidos y torturados en el lado afgano", explica Jalil a la AFP.

Pakistán desmiente apoyar la insurrección para tener influencia en Afganistán y asegura que en realidad utiliza los santuarios talibanes en su territorio para obligar al movimiento a negociar con Kabul.

Sin embargo, los jefes talibanes acusan al ISI, la poderosa agencia de inteligencia militar paquistaní, de manipular su movimiento.

En Kabul, el Consejo Nacional de Seguridad no ha querido pronunciarse sobre los 'santuarios' y se limita a afirmar que los talibanes tienen derecho a regresar a Afganistán y beneficiarse de la protección del estado.

Un alto responsable de seguridad dijo el año pasado a la AFP que el objetivo del Gobierno es "traer a los talibanes de Pakistán hacia Afganistán".

Pero los arrepentidos interrogados por la AFP dicen que viven prácticamente escondidos por miedo a represalias.

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