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Afganos ayudan a evacuar a un amigo herido cerca del lugar donde se produjo un atentado suicida reivindicado por el grupo yihadista Estado Islámico en una mezquita de Kabul, en agosto de 2017

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El grupo yihadista Estado Islámico (EI) extendió en los últimos meses hasta Kabul su creciente presencia en Afganistán, adoctrinando a afganos de clase media y contribuyendo a convertir la capital en uno de los lugares más peligrosos del país.

El grupo EI, que inicialmente se concentraba en el este de Afganistán, reivindicó en los últimos 18 meses cerca de 20 atentados en la capital, cometidos ante los ojos de las autoridades afganas y estadounidenses por células locales en las había estudiantes, profesores y comerciantes.

Esta tendencia preocupa tanto a unos civiles agotados por décadas de guerra como a las fuerzas de seguridad afganas y a sus aliados estadounidenses que ya se debaten para intentar contener la ofensiva de los talibanes.

"No es solo un grupo instalado en una zona rural del este afgano, lleva a cabo ataques sangrientos, muy visibles en plena capital y pienso que es algo inquietante", afirma el analista Michael Kugelman del Wilson Center de Washington.

La rama local del grupo EI, bautizada EI Jorasan, apareció en la región en 2014 y entonces estaba compuesta en gran parte por excombatientes talibanes o de otros grupos yihadistas de Pakistán, Afganistán o Asia Central.

Reivindicó su primer atentado en Kabul en el verano boreal de 2016 y desde entonces multiplicó sus ataques contra la minoría chií y las fuerzas de seguridad.

Los candidatos para perpetrarlos no faltan, señalan los analistas. Desde hace décadas Afganistán tiene una influyente corriente extremista, presente en todas las capas de la sociedad, incluidos los jóvenes urbanos conectados.

Estos adeptos viven sin esconderse en la capital, donde trabajan y estudian, y se encuentran por las noches para hablar de guerra santa o planificar ataques en una ciudad que conocen como la palma de la mano.

Saben, por ejemplo, detectar medidas de seguridad como las que las autoridades tomaron tras el enorme atentado que dejó más de 150 muertos en mayo.

"Es una estructura que se adapta y reacciona", subraya un diplomático occidental.

Hay "20 (células del EI) o más" operando en la ciudad, declaró recientemente a la AFP una fuente de la seguridad afgana.

- Nueva ola -

Según Borhan Osman, analista del International Crisis Group, especialista de las redes insurgentes en Afganistán, sus filas se abastecen del reclutamiento en las redes sociales, así como en mezquitas, escuelas y universidades.

"No se puede decir que sean todos pobres: algunos proceden de la clase media de Kabul. Algunos tienen diplomas universitarios" además, en su mayoría, de una educación religiosa, señala.

Los talibanes siguen siendo con mucho la principal amenaza para las autoridades afganas, pero es el grupo EI quien ha acaparado la atención mediática en las últimas semanas matando a decenas de personas.

Algunos atentados tuvieron lugar muy cerca de embajadas extranjeras o de la sede de la misión de la OTAN.

Estados Unidos lanzó en abril su bomba más potente, la llamada "madre de todas las bombas", sobre una red de cuevas y túneles subterráneos en el este y mató a 90 miembros del EI. Siguieron intensos bombardeos aéreos.

Pero esta estrategia no logró destruir al EI. Por el contrario, llevó a muchos insurgentes a refugiarse en Kabul donde es imposible utilizar dichas armas, subrayan los analistas.

La resistencia que está oponiendo el EI hace temer que Afganistán se transforme en una nueva base para los yihadistas que huyen de Irak y Siria.

Pero la naturaleza exacta de los vínculos entre el EI en Afganistán y en Oriente Medio no está clara.

El gobierno afgano afirma que no hay ningun lazo, pero los analistas estiman que existe comunicación como parece ilustrar la reciente aparición en el norte del país de insurgentes franceses o argelinos, algunos procedentes de Siria.

Sus objetivos parecen al menos similares: "provocar mucho odio sunita hacia los chiitas", afirma Vanda Felbab-Brown, miembro de Brookings Institution.

Sin embargo, al EI le costará transformar Afganistán en un nuevo frente de lucha interreligiosa, subraya Kugelman, recordando que las principales líneas de fractura en el país son étnicas y no religiosas.

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AFP