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Combinación de fotografías que muestra al príncipe heredero y ministro del Interior, Mohamed ben Nayef (I), y al hijo del rey Salman y ministro de Defensa, Mohammed ben Salman (D) en fotografías de abril de 2014 y de octubre de 2015 respectivamente

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Los dos príncipes herederos de Arabia Saudí están enzarzados en una lucha por el poder, en un contexto complicado por los desafíos internos y externos del reino, aseguran expertos y fuentes diplomáticas.

La tensión es palpable desde hace meses entre el príncipe heredero Mohamed ben Nayef, de 56 años, ministro del Interior y jefe de la lucha antiterrorista, y el treintañero Mohamed ben Salman, hijo del rey y ministro de Defensa. Los dos ocupan respectivamente el primer y segundo puesto en la sucesión al rey Salman, quien llegó al trono el pasado mes de enero, a los 79 años.

Esta querella, invisible públicamente, "trae consigo decisiones políticas preocupantes en el extranjero y en el interior", recalca Frederic Wehrey, experto en Arabia Saudí del Fondo Carnegie para la Paz Internacional. Cita, por ejemplo, la intervención militar "irresponsable" de Arabia en Yemen y la política "de firmeza" a nivel nacional, donde las reformas de este aliado de Occidente se hacen esperar.

La tensión entre los dos príncipes se ha exacerbado, según los expertos, por la sorprendente marginación en abril del príncipe heredero Moqren, que había sido nombrado futuro heredero al trono por el predecesor del rey Salman, Abdalá, fallecido en enero. "Muchos lo han interpretado como una especie de golpe de Estado", que permitía a una rama de la dinastía de los Al Saud "acaparar el poder", recalca Stéphane Lacroix, experto en Arabia Saudí del Instituto de Ciencias Políticas de París.

Era la primera vez que se destituía a un heredero al trono, aunque la familia real obligó a abdicar al rey Saud en 1964. El caso de Moqren muestra que "el estatus de vicepríncipe heredero es precario" y explica por qué Mohamed ben Salman no para de reforzar su poder, comenta un diplomático occidental. Aparte de la cartera de Defensa, este príncipe preside el principal consejo de coordinación económico del reino y supervisa Saudi Aramco, el gigante petrolero del principal exportador de crudo del mundo.

- Desestabilizar a sus rivales -

"Mohamed ben Salman se dotó muy rápido de un poder e influencia extraordinarios, lo que le permite desestabilizar a sus rivales", explica Wehrey. El vicepríncipe heredero "necesita reforzar su posición para convertirse, a la muerte de su padre, en irreemplazable" porque teme el trato que le reservaría Mohamed ben Nayef si llegase al trono, afirma el diplomático.

Mohamed ben Salman "actúa como si fuera el príncipe heredero designado, lo que evidentemente suscita tensiones", destaca Lacroix.

La destitución, por el rey, del ministro de Estado Saad al-Jabri, fiel a Mohamed ben Nayef, el pasado mes de septiembre es intrepretada, por fuentes diplomáticas, como otra señal de la rivalidad con Mohamed ben Salman.

Sin embargo la posición del ministro del Interior no parece amenazada. "Creo que se echarían piedras en su propio tejado si destituyeran a Mohamed ben Nayef", estima un diplomático occidental. "Es respetado y es el hombre en el que confía Occidente, sobre todo en la lucha antiterrorista".

Mohamed ben Nayef cuenta con la lealtad de los responsables del temido ministerio del Interior y la mayoría de los miembros de la familia real apoyaría su ascenso al trono, estima otro diplomático. "Si quisieran deshacerse de él, habrían podido convertirlo en un chivo expiatorio" de la catástrofe de la peregrinación a La Meca, que se cobró la vida de más de 2.200 fieles según un balance no oficial, recalca.

Además, miembros de los Al Saud están preocupados por el comportamiento de Mohamed ben Salman en la guerra en Yemen, en la que Riad encabeza una coalición árabe contra los rebeldes chiitas proiraníes. "Toda esta operación en Yemen se montó para reforzar su posición", estima Wehrey.

Pero esta guerra costosa lanzada en marzo continúa pese a que el reino reduce sus gastos, echa mano de sus reservas de divisas y se endeuda para cubrir un déficit presupuestario récord causado por el derrumbe de los precios del petróleo.

Expertos y diplomáticos coincide en que, pese a las rivalidades internas, la dinastía de los Al Saud, con 271 años a sus espaldas, no va a implosionar. "Ya se predijo su final en algunas ocasiones por distintas razones -recuerda un diplomático- pero ahí sigue".

AFP