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Edificios destrozados por los enfrentamientos entre tropas del Gobierno turco y combatientes kurdos, el 30 de mayo de 2016 en la localidad de Hakkari, de mayoría kurda

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Un año después del fin del alto el fuego, las fuerzas turcas y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) libran una lucha encarnizada, sembrando la muerte y la devastación entre la población civil del sudeste turco.

El martes por la noche, cazas F-16 bombardearon posiciones del PKK en el norte de Irak por primera vez desde el golpe de Estado fallido en Turquía.

Justo hace un año, el 20 de julio de 2015, se produjo un atentado kamikaze en Suruç, cerca de Siria, que dejó 34 militantes prokurdos muertos. Dos días después, el PKK mató a dos policías turcos. Ambas acciones hicieron saltar por los aires la tregua y el proceso de paz en marcha desde hacía más de dos años.

"Ambos actores estaban listos para retomar el conflicto, lo que explica la importante escalada" de la violencia, considera Yohanan Benhaim, doctorando de la Universidad París 1 Panteón Sorbona.

El conflicto sirio afecta inevitablemente a esta interminable guerra, que en 32 años ha dejado más de 40.000 muertos en el sudeste mayoritariamente kurdo.

El PKK estaba listo para retomar la lucha: había reconstituido sus fuerzas y se veía reforzado por los avances territoriales de los kurdos en Siria.

Por su parte, el Gobierno turco no podía permanecer como espectador mientras al otro lado de la frontera los progresos militares de los kurdos sirios les garantizaban una continuidad territorial de 500 kilómetros y un reconocimiento internacional por su éxito contra la organización del Estado Islámico (EI).

Pero la vuelta a las hostilidades "ha sido desastrosa, sobre todo para la población civil", afirma Benhaim.

Desde hace un año, 7.078 combatientes kurdos y 483 miembros de las fuerzas de seguridad turcas han muerto, pero también 338 civiles. Unas 355.000 personas se han visto obligadas a huir, según Human Rights Watch.

HRW ha denunciado recientemente los toques de queda impuestos desde agosto de 2015 por el ejército turco "en 22 ciudades y barrios, que impiden desplazarse a la población, las oenegés, los periodistas y los abogados".

- 'Violencia nunca vista' -

Respecto al período comprendido entre 1984 y 2013 —entre el inicio de la ofensiva del PKK y el llamamiento al alto el fuego del líder encarcelado de por vida, Abdullah Öcalan— los nuevos combates son "de una violencia nunca vista", afirma Sinan Ulgen, al frente del centro de investigaciones Edam.

El conflicto tomó tintes de verdadera guerra cuando las batallas se desplazaron a territorio urbano. El ejército turco y las milicias kurdas se enfrentaron calle a calle en zonas llenas de población civil.

"El Gobierno turco no podía permitirse dejar el control territorial urbano al PKK", explica Ulgen, para quien habría que preguntarse si la fuerza empleada por el ejército turco fue o no "desproporcionada", al bombardear sin dudarlo barrios de Silopi o Nusaybin.

Los vídeos grabados en barrios de ciudades como Cizre o Sur, la ciudad vieja de Diyarbakir, recuerdan Alepo o Homs, en la Siria devastada por cinco años de guerra.

La población está sufriendo un "segundo exilio", ya que "en los años 1990 se vio desplazada del campo a las ciudades".

Y el conflicto, antes confinado al sudeste de mayoría kurda, ha alcanzado Ankara y Estambul, con atentados de grupos kurdos y masivas y contundentes operaciones de las fuerzas de seguridad turcas en barrios de estas ciudades a la caza de militantes del PKK.

En "términos políticos, el balance es absolutamente catastrófico", considera Benhaim. La sociedad turca está fuertemente polarizada y hay un ascenso del nacionalismo turco.

Por otro lado, Benhain considera que "ninguno de los dos actores quiere el fin del conflicto", ya que el PKK tratará de ganar el máximo territorio posible en Siria", "donde nunca ha sido tan fuerte", mientras que el endurecimiento del régimen de Erdogan aumentará inevitablemente la violencia.

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AFP