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Refugiados rohinyás del estado birmano de Rakáin llegan cerca de la frontera, de la localidad bangladesí de Teknaf, el 5 de septiembre de 2017

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Unas 126.300 personas, en su mayoría musulmanes rohinyás, huyeron de la violencia en Birmania para refugiarse en el vecino Bangladés desde el inicio de los enfrentamientos, el pasado 25 de agosto, anunció la ONU, que teme una crisis humanitaria.

El ritmo de llegadas se aceleró en las últimas 24 horas, en las que cerca de 37.000 refugiados cruzaron la frontera, huyendo de una operación del ejército en el noroeste de Birmania.

Estas llegadas incrementan el temor a un desastre humanitario en Bangladés, donde los saturados campamentos de refugiados ya albergaban a unos 400.000 rohinyás.

Muchos duermen a la intemperie y necesitan agua y alimentos tras una caminata de días para refugiarse, indica un informe la oficina de coordinación de la ONU en Bangladés.

"A causa de las llegadas masivas de refugiados tenemos una inmensa crisis humanitaria", declaró Nur Khan Liton, un conocido defensor de los derechos humanos de Bangladés.

"La gente está en campos de refugiados, en las carreteras, en los patios de las escuelas e incluso fuera. Están sacando maleza para crear nuevos refugios. El agua y la comida empezarán a escasear", añadió.

Los enfrentamientos empezaron con el ataque de varias comisarías el 25 de agosto por parte de los rebeldes del Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ARSA, por sus siglas en inglés), que asegura defender los derechos de los rohinyás, una minoría musulmana.

El ejército birmano reaccionó lanzando una gran operación en el estado de Rakáin, una región pobre y remota del país, que obligó a huir a decenas de miles de personas.

Los rohinyás están considerados inmigrantes ilegales en Birmania y desde hace décadas son perseguidos, según grupos de defensa de los derechos humanos.

Los testimonios de los que huyeron, imposibles de verificar, denuncian asesinatos masivos y la destrucción de pueblos por parte el ejército birmano, grupos budistas y militantes rohinyás.

Además de los rohinyás, al menos 11.000 budistas e hindúes huyeron de los incendios provocados y los ataques a campamentos dentro de Birmania, según el último informe del Gobierno.

- Campos minados -

La guardia fronteriza de Bangladés indicó que los que cruzan se enfrentan también al riesgo de los campos minados en la frontera entre los dos países.

El martes, dos niños rohinyás resultaron heridos cuando huían de Birmania por, al parecer, el estallido de una mina, indicó a la AFP un comandante de la guardia fronteriza bangladesí, Manzurul Hasan Khan.

El lunes, en ese mismo sector, una mujer rohinyá perdió una pierna, por lo que se teme que se haya minado el área deliberadamente. No se sabe qué causó el estallido, que se produjo en territorio birmano, pero Khan sospecha que se trató de una mina.

Las tres víctimas fueron trasladadas a hospitales de Cox's Bazar, la ciudad de Bangladés más cercana a la frontera, donde centenares de miles de rohinyás se refugian en campamentos.

Khan precisó además que muchos rohinyás ingresan a Bangladés con heridas de bala.

Desde 2012 el estado de Rakáin es escenario de violencia religiosa.

Muchos rohinyás fueron asesinados y decenas de miles de personas —en su mayoría de esta minoría musulmana— se vieron obligadas a huir a campamentos de refugiados.

Pero la actual ola de violencia es la peor registrada hasta ahora. Según el ejército birmano en los últimos diez días murieron 400 personas, incluyendo 370 "terroristas" rohinyás.

En la escena internacional, las críticas contra Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz y líder de facto de Birmania, van en aumento.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, le transmitió este martes su "profunda preocupación" en una conversación telefónica. Además, Ankara recibió la aprobación de Birmania para que envíe a partir del miércoles 1.000 toneladas de ayuda humanitaria, incluyendo alimentos y ropa, para los rohinyás.

"Esta crisis humanitaria debe cesar", declaró por su parte el ministro indonesio de Relaciones Exteriores, Retno Marsudi, que el martes estaba de visita en la capital de Bangladés, Daca.

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AFP