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El exprimer ministro de Francia, Manuel Valls, el 22 de enero de 2017, en París

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El exprimer ministro de Francia, Manuel Valls, nacido en Barcelona hace 54 años, encarna la concepción de una izquierda moderna sin complejos, pero su rigidez le ha valido un fuerte rechazo dentro de sus propias filas.

Valls, de 54 años, que no obtuvo la nacionalidad francesa hasta los 20 años, se calificó el domingo a la segunda vuelta de las elecciones primarias organizadas por el Partido Socialista francés y sus aliados, detrás de Benoît Hamon, del ala izquierda de la formación.

Este hijo de un pintor español exiliado en Francia, que sueña desde hace años con la presidencia, lanzó su candidatura a la jefatura del Estado en diciembre, luego de que el presidente François Hollande, hundido en las encuestas, renunciara a presentarse a un segundo mandato.

Acostumbrado a romper los tabúes de la izquierda --en 2007 propuso cambiar el nombre del partido "socialista" al considerarlo obsoleto-- Valls ha moderado su discurso en las últimas semanas en busca del apoyo del electorado socialista más a la izquierda.

Después de haber proclamado que existen "dos izquierdas irreconciliables", declarado su "amor por las empresas" y defendido la prohibición del burkini (el traje de baño islámico), ahora, a tres meses de los comicios presidenciales, llama a su campo a cerrar filas para derrotar a la derecha y a la ultraderecha.

En 2011, durante su primera participación en las primarias de la izquierda francesa para las elecciones presidenciales del año siguiente, Valls obtuvo apenas un 5% de los votos. Inmediatamente después se puso al servicio del ganador, François Hollande, y se tomó a cargo la comunicación de su campaña.

Cuando Hollande llegó al poder en 2012 lo recompensó con la cartera del Interior. En ese cargo, reforzó su imagen de hombre implacable, ganando popularidad, a veces más entre los electores de la derecha que de la izquierda.

- Orgulloso de sus raíces-

Por su comunicación política milimétrica, su energía inagotable y su asumida ambición, Manuel Valls es a menudo comparado con el expresidente conservador Nicolas Sarkozy (2007-2012). Una comparación que le disgusta.

En 2014, Hollande lo puso a la cabeza de un gobierno que tuvo que enfrentar la crisis económica y los peores atentados de la historia reciente de Francia, con un saldo de 238 muertos.

Valls ha irritado a muchos socialistas por sus exabruptos sobre los gitanos, por haber utilizado en seis ocasiones un arma constitucional que le permitió adoptar reformas por una vía rápida sin aprobación del parlamento o por haber propuesto retirar la nacionalidad a las personas acusadas de terrorismo.

Pero este hombre de ojos azules y cabello oscuro supo ignorar las críticas y aplicar fielmente la línea social liberal del presidente Hollande, aunque esto provocó la partida de varios miembros del gobierno del ala más izquierdista del partido.

Hijo del pintor catalán Xavier Valls y de una madre suiza italohablante, Valls ha proclamado su "orgullo" de "estar al servicio de Francia", sin dejar de asumir su origen español.

Pero esa fidelidad no abarca al ámbito futbolístico, pues no vaciló en revelar en una ocasión que hincharía por el Barça contra el París Saint-Germain (PSG) cuando ambos equipos se enfrentaron en 2013 en cuartos de final de la Liga de Campeones.

Barcelona "es mi equipo, en un club que traspasa las fronteras", justificó.

AFP