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El aspirante republicano a la presidencia Marco Rubio durante el tercer debate presidencial el 28 de octubre de 2015 en la universidad de Colorado

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Después de meses de trabajo, el senador republicano por Florida, Marco Rubio, de 44 años, se hizo notar en la carrera por las primarias de su partido a las elecciones presidenciales de 2016 con una fuerte intervención durante el debate del miércoles.

De niño, Marco Rubio le decía a su abuelo, exiliado cubano, que un día iba a derrocar a Fidel Castro y convertirse en presidente de Cuba. Pero hoy está más cerca de la Casa Blanca.

Rubio subió al tercer puesto en las encuestas republicanas hace dos semanas, doblando el apoyo del que fuera su padrino político en Florida, Jeb Bush, hijo y hermano de expresidentes, al que Rubio hizo un impecable contraataque el miércoles durante el debate entre precandidatos presidenciales republicanos.

"Continuaré sintiendo gran respeto y admiración por Bush", dijo Marco Rubio, con tono caballeresco. "Pero no soy candidato contra Bush, soy candidato porque es imposible que elijamos a Hillary Clinton para continuar la política de Barack Obama".

Para los comentaristas, Marco Rubio ganó el debate, muchos incluso aseguran que la campaña de Jeb Bush está en vías de extinción.

Rubio nació en Miami en 1971 en el seno de una familia cubana, que llegó 15 años antes para escapar de la pobreza. Después de la llegada al poder de Fidel Castro en 1959, su familia decidió que no regresaría nunca a la isla, por lo que Rubio no la conoció.

Esa es una historia familiar que él cuenta invariablemente, discurso tras discurso, convencido de encarnar el "sueño americano" de los exiliados que buscan una vida mejor en Estados Unidos.

"Yo soy hijo de inmigrantes, exiliados de un país con problemas. Ellos me dieron todo lo que pudieron, escribió en su autobiografía, "Un hijo estadounidense", publicada en 2012.

- AntiCastro -

Hijo de un camarero y una empleada doméstica, Marco Rubio creció entre la comunidad cubana de Miami, aunque pasó un período de cinco años en Las Vegas, donde su familia se convirtió temporalmente como mormona, antes de regresar al catolicismo.

Muy influenciado por su abuelo cubano, desarrolló una gran pasión por la política.

Los estadounidenses lo descubrieron en 2010 con su elección fulgurante al Senado contra el favorito del 'establishment' republicano, sobre la ola del Tea Party. Pero es uno de esos de los cuales se diría que algún día será presidente, el primer presidente hispano.

Sólo dos años después de obtener su título de abogado, en 1998 fue elegido para el Consejo de la ciudad de West Miami. Un año más tarde, en la Cámara de Representantes de Florida, que presidió desde 2006 hasta 2008, mientras que Jeb Bush era gobernador del estado.

Lo tiene todo: espiritual, con una sonrisa angelical y un orador natural. Rubio rompe el cliché del conservador tradicional. Va a misa con su esposa Jeanette y sus cuatro hijos, pero desde su adolescencia escucha el rap de Grandmaster Flash. Es bilingüe inglés-español, una gran ventaja para el Partido Republicano, abandonado por los votantes hispanos.

Cuando llegó a Washington, los conservadores traumatizados por la elección de Barack Obama creyeron haber encontrado a su salvador. Sin embargo, su índice de aprobación cayó en picada en 2013, cuando promovió sin éxito una reforma ambiciosa de las leyes de inmigración, que incluía la regularización masiva de inmigrantes indocumentados.

El senador intenta desde entonces remontar la cuesta y ha girado su empeño hacia la inmigración. Ha multiplicado las propuestas de ley para probar que además de sus talentos de comunicación también puede encarnar una renovación ideológica, defendiendo al mismo tiempo los valores tradicionales.

"Debemos admitir que la sociedad se está desmoronando y que demasiados estadounidenses no tienen valores como el trabajo, el sacrificio, el autocontrol", dijo en una entrevista con la AFP en 2013.

También se interesa por los asuntos internacionales.

Más intervencionista que aislacionista, cree que las crisis obligan a Estados Unidos a tener una mayor participación en los asuntos mundiales. Una visión que lo llevó a clasificar a Cuba en la misma categoría que Irán y Siria, y liderar la oposición contra Barack Obama respecto al levantamiento del embargo comercial a la isla.

AFP