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Peregrinos musulmanes rezan en la mezquita Namirah, cerca del monte Arafat, en la sagrada ciudad saudí de La Meca, el 31 de agosto de 2017

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Sentado en el vestíbulo de un hotel de un barrio de La Meca, el iraní Reza se debate entre dos sentimientos: rencor por la estampida mortal de hace dos años y felicidad por poder hacer la peregrinación.

"Este año todo está claro" en la organización, afirma este peregrino de 63 años. Reza no olvida la estampida que mató a cientos de iraníes en 2015, pero confía en que se hayan extremado las precauciones para evitar una nueva tragedia.

"Fueron asesinados. Ellos (los saudíes) no los ayudaron", acusa este jubilado que trabajó en una compañía petrolera.

"Este año se han tomado medidas de seguridad, sino no habríamos venido. En Irán los responsables del hach (peregrinación) nos dieron instrucciones para evitar un accidente: 'a tal hora tenemos que ir en tal dirección y realizar tal rito'", añade.

Teherán aceptó que sus peregrinos llevaran pulseras electrónicas para ser identificados en caso de accidente.

Estas pulseras, fabricadas en Irán, contienen datos sobre la identidad de los peregrinos y pueden estar conectadas a teléfonos inteligentes para permitir el acceso a la información.

Según las autoridades iraníes, más de 86.000 fieles iraníes participan este año en la peregrinación, que congrega a más de dos millones de musulmanes del mundo entero.

La estampida en la que murieron hace dos años casi 2.300 peregrinos, entre ellos 464 iraníes, provocó una crisis entre Irán y Arabia Saudí. El primero acusó al segundo de mala gestión del hach y Riad respondió a Teherán que trataba de politizar el tema.

Cuatro meses después de esta guerra verbal, los dos rompieron relaciones por la ejecución de un dignatario chiita en Arabia y el ataque a legaciones diplomáticas saudíes en Irán. A falta de un acuerdo entre los dos países, los fieles iraníes no acudieron al hach de 2016.

"Era un desacuerdo entre dos países. Los iraníes siempre quisieron venir", asegura Mohamed, de 38 años, en el barrio de Al Aziziya, a medio camino entre la Kaaba y Mina. Este ingeniero de Arak, una ciudad al suroeste de Teherán, estaba en La Meca el año del drama y afirma que perdió a varios conocidos.

- "Para todo el mundo" -

"La prohibición de viajar a los iraníes no podía durar mucho tiempo. ¿Puede la política cuestionar un deber religioso? El tema genera debate en Irán", analiza Fariba Adeljá, antropóloga del Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales (CERI) de París.

Según ella, "el Estado iraní no quería asumir la responsabilidad de impedir otra vez a sus ciudadanos viajar a La Meca".

En la entrada del hotel que acoge solo a iraníes, muchos se alegran de ello.

Este viaje es una ocasión para Mariam, profesora de inglés en Babol, en el norte de Irán, de conocer a gente de distintos países de habla inglesa.

"Hoy conocí a una indonesia, me dio su número de teléfono", afirma vestida con un chador.

"Los lugares santos son para todo el mundo y Arabia Saudí no puede impedir a un país que venga", añade esta mujer de 43 años.

"Espero que un día, todos los países musulmanes puedan controlar estos lugares y no solo Arabia Saudí", afirma.

Riad se considera el guardián de los lugares santos de La Meca y Medina.

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AFP