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El vicepresidente de Ecuador, Jorge Glas, tras leer el decreto presidencial que le despoja de sus funciones, el 3 de agosto de 2017 en Quito

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El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, despojó el jueves a su cuestionado vicepresidente, Jorge Glas, de las funciones que le había asignado, en la primera crisis que estalla en su recién instalado Gobierno de izquierda.

En una breve respuesta ante la prensa, Glas calificó la medida de "retaliación política" por las duras críticas que le lanzó la víspera a Moreno y aseguró que seguirá en el cargo "hasta terminar el mandato".

La disputa se enmarca en la división en el seno del oficialismo -en el poder desde 2007- entre los partidarios de Moreno y los del expresidente Rafael Correa, el gran aliado de Glas y quien está radicado temporalmente en Bélgica.

Y tiene como trasfondo las graves acusaciones de corrupción que le endilga la oposición al que también fuera vicepresidente de Correa. Bajo su gobierno, Glas fue responsable de sectores estratégicos.

"Esta crisis no pone en riesgo la estabilidad democrática, pero sí la estabilidad en el movimiento en el gobierno", explicó a la AFP, Michel Levi, politólogo y catedrático de la Universidad Andina Simón Bolívar.

El miércoles, Glas, en una carta pública, le reprochó al mandatario haberse aliado supuestamente con la oposición y ceder el control de los medios públicos a representantes de los medios privados, con los que Correa mantuvo un duro pulso.

En el poder desde el 24 de mayo, Moreno respondió este jueves apartando al vicepresidente de las funciones al frente de la millonaria reconstrucción de las zonas arrasadas por el terremoto de abril del año pasado, que dejó más de 600 muertos.

"La política es el arte de servir a los demás. ¡Vamos a adecentar la política en el Ecuador!", advirtió Moreno.

Sin embargo, Glas insistió en que se trata de una "clara retaliación política". "Desde el día de ayer me siento liberado porque he tenido que presenciar por dos meses cómo comienza a desmontarse nuestra revolución", agregó.

Refiriéndose a una "crisis interna", la bancada del oficialista Alianza País, mayoritaria en la Asamblea, decidió convocar a Moreno y Glas "para facilitar el restablecimiento de una relación política", sin precisar la fecha.

Glas no puede ser destituido por el mandatario. La única vía para suspenderlo del cargo es a través de un juicio político desde la Asamblea (de mayoría oficialista), que rechazó tal posibilidad hace dos semanas.

- Correa al ataque -

Tras el anuncio de Moreno, el primero en reaccionar fue justamente Correa, convertido en la práctica en su principal opositor. "Ups! ¡El 'diálogo' sólo ha sido para los que odian la Revolución! Adelante, JORGE. Tómalo como una condecoración", escribió el exmandatario desde Bélgica.

En un comunicado, la Conferencia Episcopal Ecuatoriana manifestó su preocupación "ante la ruptura" en el poder ejecutivo y pidió que se "respete la institucionalidad".

"Esta ruptura no puede ni debe desviar al país del camino emprendido por el Señor Presidente de la República, ni ensombrecer la acción de la Fiscalía y de los órganos de control del Estado, especialmente en su lucha contra la corrupción", expresa.

Desde que Moreno asumió el poder, Correa se ha mostrado muy crítico con su forma de gobernar y por sus reuniones con adversarios y representantes de sectores que tradicionalmente se opusieron a su gestión, entre ellos la prensa privada y los indígenas.

Y ambos se han enzarzado en una permanente disputa a través de las redes sociales que hizo aflorar las diferencias en el seno del partido.

Correa, que califica la actitud de Moreno de "entreguismo", denunció un supuesto plan para destituir a Glas e incluso ha deslizado la posibilidad de crear un nuevo partido que resguarde los logros de su llamada Revolución ciudadana.

El politólogo Felipe Burbano asegura que Moreno está atrapado entre "la necesidad del cambio" y la figura siempre presente de Correa, un líder caudillista que "no quiere desprenderse del poder ni que su gobierno sea evaluado en términos de rendición de cuentas".

"Hay tres escenarios posibles. La ruptura, que trae una crisis institucional muy complicada, el pacto permanente entre 'morenistas' y 'correístas', lo cual significa reconocer que ha habido una transición, o la subordinación total de Moreno al poder de Correa sobre Alianza País", declaró a la AFP este profesor de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales(FLACSO).

Otros analistas consideran que esta crisis ha sido creada por el propio Glas para forzar una salida digna ante tantas acusaciones de corrupción.

Con la llegada de Correa al poder se puso fin a una década de inestabilidad institucional, en la que Ecuador tuvo siete gobernantes, tres de ellos derrocados por revueltas populares y sucedidos por sus vicepresidentes.

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AFP