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Miembros del Departamento de Estado de Estados Unidos, en el edificio de Representación de Comercio de Rusia en Washington el 2 de septiembre de 2017

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La policía estadounidense llevó a cabo este sábado registros en locales diplomáticos rusos de San Francisco, Nueva York y Washington, provocando el enfado de Moscú, que acusó a Estados Unidos de violar el derecho internacional.

Esta acción marca una nueva etapa en las crecientes tensiones diplomáticas entre los dos antiguos enemigos de la guerra fría, siete meses después de la llegada al poder de Donald Trump, que presentó la normalización de las relaciones como uno de sus objetivos.

Desde el viernes, la diplomacia rusa ya había denunciado estos registros previstos en Washington, pero también en los locales de su consulado en San Francisco, del que Estados Unidos ordenó también el cierre.

Según el Departamento de Estado, las "inspecciones" realizadas en presencia de responsables rusos tenían como objetivo asegurarse que los diplomáticos rusos hayan efectivamente abandonado el lugar.

Asegurando haber actuado en conformidad con las convenciones internacionales, Washington rechaza formalmente las acusaciones de Moscú según las cuales responsables estadounidenses habrían amenazado con romper la puerta de entrada.

Estas clausuras son una respuesta a la drástica reducción de 755 diplomáticos y empleados, rusos o estadounidenses, en Rusia, impuesta a finales de julio por Moscú en reacción a las nuevas sanciones económicas aprobadas por el Congreso estadounidense.

"Ningún diplomático ruso ha sido expulsado de Estados Unidos en relación con esas clausuras", indicó el Departamento de Estado.

Estos registros se realizaron en presencia de representantes de la embajada rusa tras las insistentes solicitudes de Rusia, según un portavoz citado por la agencia de prensa Ria Novosti.

El Ministerio de Relaciones Exteriores ruso indicó haber convocado a Anthony Godfrey y haberle entregado "una carta de protesta". Godfrey, número dos de la embajada, es actualmente el más alto diplomático estadounidense con puesto en Moscú, después de que el embajador John Tefft anunciara en julio su intención de dejar Moscú desde principios del mes de septiembre.

- Provocación -

"Las autoridades estadounidenses tienen que acabar con sus burdas violaciones del derecho internacional y renunciar a violar la inmunidad de las instituciones diplomáticas rusas", indica el ministerio en la nota de protesta entregada a Godfrey.

Estos registros y "la amenaza de romper la puerta de entrada", son "un acto de agresión sin precedentes, que podría ser utilizado por los servicios secretos estadounidenses para crear un acto provocador contra Rusia con objetos comprometedores que serían colocados" por estos mismos servicios, según la diplomacia rusa.

En San Francisco testigos dijeron haber observado el viernes una humareda negra que salía de una chimenea del consulado ruso. Ello se debió a "medidas para preservar el edificio" dijo sin más precisiones la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Maria Zajarova.

El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, pareció sin embargo exculpar el viernes de la situación a la administración Trump.

"Toda esta situación fue creada por la administración Obama para perjudicar las relaciones ruso-estadounidenses y no permitir que Trump las mejore" dijo.

Según Lavrov, el Congreso y el 'establishment' estadounidense "intentan atar de pies y manos (a la administración Trump), inventar una supuesta injerencia rusa, un vínculo entre él y Rusia, entre su familia y Rusia". Los detractores del presidente estadounidense le acusan de haberse beneficiado especialmente de las acciones secretas de los rusos para sabotear la campaña de Hillary Clinton durante las elecciones presidenciales en Estados Unidos de 2016.

"No buscamos un enfrentamiento con Estados Unidos", declaró el viernes Lavrov, y afirmó buscar "enfoques basados en el respeto mutuo" para llegar a "compromisos" con Washington.

El secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, y Lavrov se reunirán en septiembre, probablemente con motivo de la Asamblea General de la ONU en Nueva York.

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AFP