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Un grupo de presos exhibe una bandera con la inscripción "queremos paz pero no huímos de la guerra", en el centro penitenciario de Alcaçuz en Natal, en el nordeste de Brasil, el 16 de enero de 2017

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Las autoridades brasileñas seguían confrontadas el lunes a motines carcelarios, atroces ajustes de cuentas entre presos de bandas de narcotraficantes y fugas espectaculares, en una guerra que ya ha dejado al menos 115 muertos desde el inicio del año.

Poco después de que la policía controlara la rebelión que acabó con 26 reclusos brutalmente asesinados este fin de semana en la prisión Alcaçuz de Natal (nordeste), decenas de presos ocuparon durante horas el desvencijado techo de este centro penitenciario que, como muchos en Brasil, opera corroído por la superpoblación y la ley de las bandas.

Pasado el mediodía, policías y miembros del Grupo de Operaciones Especiales entraron a esa cárcel -la mayor del estado de Rio Grande do Norte- y los presos descendieron a los pabellones.

Los agentes dijeron que tenían la misión de sacar del presidio a cinco presuntos líderes del motín y, tras negociaciones con miembros de su organización criminal, en la tarde lograron trasladarlos en un gran convoy entre aplausos de presos de la facción rival, constataron periodistas de la AFP.

La mayoría de los internos se había encaramado al techo durante la noche, después de que los policías abandonaran la cárcel al estimar controlada la rebelión de 14 horas, que derivó en la tercera gran matanza del año en una cárcel del país.

- Alta tensión -

Con el dominio del narcotráfico en juego, las prisiones se han convertido en el centro de una batalla por ahora descontrolada en Brasil.

No parece haber descanso en la guerra feroz que las autoridades atribuyen al Primer Comando de la Capital (PCC) de Sao Paulo y el Comando Vermelho (CV) de Rio de Janeiro, los dos mayores grupos criminales del gigante sudamericano.

Mientras los forenses comenzaban a identificar los cuerpos desmembrados de los fallecidos de Alcaçuz, internos de otro presidio de Natal iniciaban un motín alrededor de las 03H00 de la madrugada, quemando colchones en un tumulto que solo se sofocó tras la llegada de la policía y las fuerzas especiales.

Según el gobierno de Rio Grande do Norte, este intento de rebelión en la prisión Raimundo Nonato se saldó sin heridos ni fugas.

Pero, ante la evidente "crisis", el gobernador Robinson Faria pidió al gobierno federal un refuerzo de la Fuerza Nacional en el estado.

Entretanto, en la noche, otra situación de violencia se desató en la cárcel de Dutra Ladeira, en la zona metropolitana de Belo Horizonte (sudeste), cuya seguridad fue reforzada por las autoridades.

Un grupo de presos quemó colchones y causó destrozos aparentemente contra la nueva dirección del presidio, sin que se reportaran heridos ni fugados, según Globo News.

En un video divulgado en redes sociales y que retoman varios medios, los internos del centro amenazaron con matar "muchas personas" y "quemar todo" si no atendían sus peticiones.

- Gobierno se reúne... y agentes de Rio empiezan huelga -

Desde que el Comando Vermelho y sus aliados de la Familia do Norte dieran el primer golpe el pasado 1 de enero en Manaos, la tensión bélica fraguada durante meses en los presidios de todo el país se hizo insostenible.

Aquella noche, 56 reclusos fueron ejecutados en la segunda mayor masacre registrada en una cárcel de Brasil. La mayoría eran miembros del PCC, cuyo afán por controlar todas rutas del narcotráfico de este país continental había roto en junio su frágil equilibrio con el Comando Vermelho.

La ostentación de la violencia y la ferocidad de los asesinatos en la capital de Amazonas se replicaron cuatro días después en la matanza de Roraima, que concluyó con la muerte de 33 internos cuatro días después.

El sábado en la tarde, la llama prendió en Natal entre reos del PCC y del Sindicato do Crime, ahora aliado con el CV, según la prensa brasileña.

Además de tratar de bajar la tensión en las cárceles, las autoridades también tratan de encontrar a los reclusos que están aprovechando la confusión para huir.

A los casi cien presos que siguen prófugos desde el motín en Manaos, se sumaron el domingo una veintena en Curitiba que, con ayuda en el exterior, destruyeron con explosivos un muro del edificio.

Para tratar de contener la crisis, el gobierno de Michel Temer anunció la construcción de nuevas prisiones en todos los estados y el martes convocó a una reunión a los secretarios de seguridad de todos los estados.

La semana pasada, además, desplegó 200 efectivos de la Fuerza Nacional en Amazonas y Roraima luego de las dos masacres carcelarias en esas regiones.

Las soluciones son insuficientes, sin embargo, para muchos expertos que reclaman una reforma profunda del sistema que alberga a la cuarta población carcelaria del mundo, y donde la tasa de ocupación de las cárceles es del 167%.

Para añadir más leña al fuego, los agentes penitenciarios de Rio de Janeiro empezaron la medianoche de este lunes una huelga para reclamar el pago de sus salarios ante la quiebra financiera del estado.

AFP