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El sacerdote eritreo Mussie Zerai frente a la basílica de San Pedro del Vaticano el 4 de octubre de 2015

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Durante años sus compatriotas han llamado a su teléfono móvil en busca de ayuda desde el desierto del Sinaí o el mar Mediterráneo. Hoy este cura católico eritreo, que también fue refugiado, es uno de los favoritos para obtener el Premio Nobel de la Paz.

Para muchos africanos, marcar el teléfono de Mussie Zerai significa salvar la vida.

Este sacerdote pequeño, con barba y cabellos canosos, lleva colgada al pecho una cruz de metal sencilla, fiel a su estilo y sus orígenes humildes.

Nacido en 1955 en Eritrea, huyó de su país por la guerra y la feroz dictadura a la edad de 16 con el deseo de reunirse en Italia con sus padres, a los que nunca encontró porque se habían ido mientras tanto para Nigeria.

"Me quedé solo, era como uno de esos numerosos menores no acompañados que encuentras hoy deambulando por las calles de Roma", contó en una charla con AFP.

Sin un techo, viviendo de trabajos ocasionales, Zerai sintió que tenía vocación religiosa tras conocer a un sacerdote italiano que ayudaba a los migrantes.

A su lado afloró la vocación frustrada por su padre cuando tenía 14 años y resolvió entrar al seminario en el año 2000, a la edad de 35 años.

En 2003 acompañó como traductor a un periodista italiano que investigaba lo que ocurría en las cárceles libias donde los migrantes africanos se encontraban detenidos y maltratados por el régimen de Muamar Gadafi.

"Cuando se dieron cuenta de que me interesaba por ellos, escribieron mi número de teléfono en una pared, y, desde entonces: 'Para toda emergencia, llame al siguiente número' se volvió un lema", confiesa.

"El tam-tam" y el boca a boca hizo el resto. Una noche de mayo de 2003, recibió una llamada de auxilio de un barco en dificultades en el Mediterráneo. Eran las tres de la mañana. "Creí que era una broma", recuerda.

Se trataba una verdadera emergencia en pleno mar, por lo que contactó a la guardia costera italiana.

Desde entonces, ha recibido miles de llamadas similares a cualquier hora del día o de la noche.

Siempre, sin excepción, aún en plena misa, se detiene para responder. Aunque ahora cuenta con la red 'Watch the Med', que lo releva.

- Una voz de ayuda en el teléfono -

"Entre el mareo y el miedo de ahogarse, se necesitan varios minutos para calmarlos. ¡Todos gritan al mismo tiempo! 'Ayúdanos, ayúdanos'" cuenta el sacerdote.

Zerai conoce ya la técnica para explicarles cómo encontrar las coordenadas del GPS que aparecen en el teléfono por satélite de manera de poderlas transmitir a la Guardia Costera.

Pero eso no siempre es suficiente. En marzo de 2011, poco después del inicio de la intervención militar internacional en Libia, informó de que un bote inflable estaba a la deriva con 72 personas a bordo. Pasaron 15 días sin agua ni comida ... sólo nueve sobrevivieron, rememora.

El religioso fundó en 2006 la asociación 'Habeshia' ('Mestizos'), palabra que se usa para llamar a los habitantes de Eritrea y de una parte de Etiopía.

Muchos de los refugiados que lo contactan llaman desde el desierto de Sinaí, donde las bandas de traficantes de seres humanos los torturan, maltratan y extorsionan para sacarles dinero.

En algunos casos, la misma Habeshia ayuda a completar el dinero para pagar los rescates que exigen las bandas para liberar a familiares secuestrados.

"La prioridad son las niñas, para evitar que sean vendidas como esclavas sexuales en los países árabes, así como las mujeres embarazadas", cuenta 'Don Mose', como lo llaman sus compatriotas.

Cuando los migrantes no tienen medios para pagar, los traficantes han llegado a obligarlos a someterse a la extracción de sus órganos, denuncia.

Miles de personas han muerto o desaparecido en el mar intentando entrar a Europa, al menos 3.000, sostiene.

Gracias a él, a su disponiblidad, decenas de miles de refugiados eritreos han sobrevivido, muchos de los cuales residen ahora en Suecia.

"Mussie Zerai es una hermosa persona (...), un hombre admirado por todos. Siempre está a nuestra disposición y lucha incansablemente por los refugiados", testifica Estefanos Meron, director de la Iniciativa por los Derechos de los Refugiados Eritreos en Suecia.

Dividido entre Roma y su asociación con sede en Suiza, Zerai está marcado por su pasado. "No tengo oficina en el Vaticano. En Suiza tampoco tengo casa, me toca viajar por todo el país. Soy un itinerante," confiesa.

AFP