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Una mujer accede a un centro comercial de Riad con un carrito de bebé el 7 de noviembre de 2013. Desde 2011, el reino impone cuotas de empleados saudíes para intentar reducir el desempleo, bastante alto entre los jóvenes de menos de 25 años

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"¿Eres saudí? No. ¿Y tu marido? Tampoco. ¿Tienes familiares saudíes?" Tres preguntas que Hafsa, Nur o Samia acostumbran a escuchar. Las tres nacieron en Arabia Saudita, un país en el que "no encuentran su sitio".

"Necesito trabajar para ayudar a mi familia", afirma. Con 30 años, Hafsa, cuyos padres se fueron de Somalia en busca de una vida mejor, busca desesperadamente un empleo.

Pero desde 2011 el reino impone cuotas de empleados saudíes para intentar reducir el desempleo, bastante alto entre los jóvenes de menos de 25 años, que representan más de la mitad de la población.

La joven lo ha intentado todo, incluso los trabajos para los que no se requiere diploma, como la distribución de comidas durante la fiesta del final del ramadán. Y cada vez le hacen las tres preguntas que le cierran la puerta.

Ella se quiere ir a toda costa. ¿Dónde? "Me da igual, a un país que me otorgue derechos". "Cuando mis padres llegaron, pensaban 'el sistema es el sistema y lo seguimos'. No tenían ambiciones, no se hacían preguntas sobre sus derechos. Para nosotros, es diferente", declara.

Entre tanto, reside en un apartamento de La Meca, en el oeste de Arabia Saudita, con diez familiares.

- "Me siento amenazada" -

Nur, una etíope de 24 años, pone la mesa esperando no haberse olvidado de nada. El pan, los cubiertos...

Su padre llegó a Arabia Saudita para estudiar la ley islámica y fundó una familia.

El país cuenta con más de nueve millones de inmigrantes, o sea, alrededor de un tercio de su población, una proporción relativamente baja en comparación con otros países del Golfo, como Emiratos Árabes Unidos o Catar.

Con motivo de la gran peregrinación anual a La Meca que termina el lunes, Nur encontró un empleo temporal, a unos pasos de la explanada de la Gran Mezquita.

Normalmente esta joven, casada, se dedica a la estética. Como no tiene permiso de trabajo, sólo va a casa de conocidas.

"Me siento amenazada, vivo con un miedo constante a ser detenida con mi familia", dice vestida con un niqab (velo que la cubre de pies a cabeza). Siempre tuvo empleos temporales y le gustaría conseguir uno fijo para ganar más.

- ¿Irse a Egipto? -

Samia, una somalí de 27 años, está en el paro. Su madre trabajó durante 20 años en una escuela haciendo la limpieza. Su difunto padre era contable bajo el régimen de la "kafala".

En virtud de este sistema en vigor en Arabia Saudita, los trabajadores extranjeros deben contar con el patrocinio de un saudí y quedan a su merced al no poder cambiar de empleo sin su acuerdo.

Las organizaciones de defensa de los derechos humanos denuncian una forma de esclavitud moderna.

Pero Samia ni siquiera tiene patrocinador y sabe que nunca tendrá nacionalidad saudí.

"Los saudíes no podrían hacer el trabajo que hacemos. No están dispuestos a trabajar", suelta.

Esta madre divorciada quiere irse. "Aquí no tengo futuro ¿por qué lo habría de tener mi hijo?" Está pensando en Egipto, la vida es más barata. "Mi hijo podrá ir a una escuela mejor y yo retomar mis estudios", afirma.

"Aquí, desde la escuela nos enseñan a quedarnos en nuestro lugar. Y como no queremos poner en peligro a nuestra familia, revisamos nuestros derechos a la baja", sentencia.

* Los nombres han sido modificados.

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AFP