Los namibios votan este miércoles en unas elecciones generales que muy probablemente mantendrán en el poder al partido gobernante desde 1990, pese al creciente descontento de la población por la crisis y la corrupción.

Ante una oposición dividida, el presidente saliente Hage Geingob, de 78 años, y su Organización del Pueblo de África del Sudoeste (Swapo) parece tener asegurados otros cinco años de mandato pese a un balance dispar.

Un subsuelo con enormes recursos naturales, como uranio, un fondo marino rico en peces y diamantes y el auge del turismo no han impedido que Namibia esté sumida en la recesión desde hace varios años.

Debido a la caída de los precios de las materias primas y a la persistente sequía, la mayoría de sus indicadores están en rojo. Un tercio (34%) de la población está desempleada y su Producto Interno Bruto (PIB) disminuyó en 2017 y 2018.

Además un escándalo de corrupción salpica al régimen del presidente Geingob. Hace unas semanas, Wikileaks publicó miles de documentos que acusan a altos cargos de su gobierno de haber cobrado el equivalente a 10 millones de dólares en sobornos de una compañía pesquera islandesa.

Dos ministros relacionados con el caso se vieron obligados a dimitir días antes de los comicios. Uno de ellos estuvo detenido brevemente.

El jefe del Estado negó estar implicado en este asunto. "Aplicamos la tolerancia cero con la corrupción", aseguró el sábado durante el cierre de campaña ante un estadio semivacío de la capital, Windhoek.

La oposición, dividida, no parece que vaya a beneficiarse de este contexto.

McHenry Venaani, de 42 años, y su Movimiento Democrático Popular (PDM) ya fue candidado hace cinco años pero su pasada proximidad al apartheid sudafricano repele a buena parte del electorado.

- Frustraciones -

La única amenaza potencial para el régimen proviene de la candidatura bajo la etiqueta de independiente de un miembro de Swapo: Panduleni Itula, de 62 años.

En las últimas semanas, el exdentista acusó a Geingob de haber vendido la riqueza del país a extranjeros. "Queremos que Namibia siga siendo nuestra, queremos mantener nuestros recursos", dijo durante su último mitin.

Según los analistas, este disidente podría, como mucho, hacer retroceder un poco el resultado de 87% registrado hace cinco años por Geingob.

"(Itula) es diferente", señaló Graham Hopwood, del principal grupo de reflexión de Namibia, el Instituto de Investigación de Políticas Públicas. "Logró unir a todas las personas frustradas y descontentas con el presidente", apuntó.

Y en el barrio pobre de Havana, un suburbio de Windhoek, abundan los descontentos.

"Esperaba que (Geingob) trajera la electricidad", declaró bajo anonimato un taxista de 22 años que piensa votar por la oposición. "Pero todo lo que ha hecho es destruir las chozas de la gente y construir hoteles y edificios".

A pesar de la decepción, muchos partidarios de Swapo todavía son reacios a castigar al partido de la "lucha de la liberación".

"Mis padres participaron en esta lucha para llegar aquí", dijo Julia Shilunga, una estudiante de 28 años que apoya a Swapo. "Para mí, la paz es más importante que cualquier otra cosa porque me llevará a donde yo quiera".

Casi millón y medio de votantes namibios están llamados a elegir por votación electrónica entre los 11 candidatos a las presidenciales y los 15 partidos que se postulan para las elecciones legislativas.

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