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El líder del Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP), Nigel Farage, habla sobre el triunfo del 'brexit' el 24 de junio de 2016 en Londres

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El político británico Nigel Farage, líder del UKIP, es la estampa del tradicional cliente de pub. Y eso gusta a muchos ingleses. Cigarrillo y pinta de cerveza en mano, mil veces prometió un terremoto político y este jueves lo consiguió.

Los británicos votaron a favor de abandonar la Unión Europea tras una dura campaña liderada por Farage y el conservador Boris Johnson. Fue el primero, sin embargo, con sólo un diputado en el Parlamento, el que, con su retórica incendiaria, hizo el trabajo sucio, logrando centrar el debate en la inmigración. Donde lo quería su electorado.

La polémica por su cartel con una hilera de refugiados amenazando hipotéticamente Reino Unido, desvelado el mismo día en que fue asesinada la diputada laborista Jo Cox por un simpatizante de ultraderecha, no le hizo perder apoyos.

Ser unánimemente vilipendiado por los partidos tradicionales -liberales, conservadores, y laboristas- no hizo sino aumentar la simpatía por Farage en la Inglaterra profunda.

Londres se le resiste, es "demasiado culta, educada y joven", sugirió una vez una portavoz de su partido.

"Para ser honesto, cuanto más nos insultan, mejor nos va", explicó Farage, eurodiputado, a la AFP.

Cuando habla de quienes lo insultan, Farage alude a los partidos del "establishment" británico: los conservadores del primer ministro británico, el conservador David Cameron, y la oposición laborista.

La línea que trazó entre ese "establishment", pro-UE, y el pueblo, "the people", anti-UE, ayudó a llevar la campaña a su terreno.

Niega ser racista o tener nada contra los inmigrantes, pero este político casado con una alemana ha metido la pata en varias ocasiones.

Una vez dijo que se sentiría "incómodo" si una familia rumana se instalara en su vecindario.

Cuando un locutor de la radio LBC le preguntó qué diferencia había entre los rumanos y su mujer, respondió: "ya sabes cuál es la diferencia".

"Queremos un sistema de inmigración basado no sólo en controlar la cantidad, sino también la calidad", sentenció.

- Las cuatro vidas de Farage -

A los 52 años, Farage, padre de cuatro hijos, saborea su cuarta vida. Sobrevivió milagrosamente a un accidente de tráfico, a un cáncer de testículos y a la caída de la avioneta que llevaba un anuncio electoral de su partido, en 2010.

"Siempre quise un terremoto político", subrayó en 2015.

El partido fue fundado en 1993, pero no fue hasta unas elecciones europeas, las de 2004, cuando dio el golpe consiguiendo el 16% de los votos. Una década después ganó esos mismos comicios europeos en Reino Unido, rompiendo el bipartidismo tradicional.

Sin embargo, su cuenta pendiente sigue siendo conseguir un escaño en el Parlamento británico.

Su buena estrella con los asuntos europeos no le hace mostrar la menor piedad con la UE.

"¿Antieuropeo yo? ¡Noooo! Es ridículo decir eso. Me gusta Europa, es un gran lugar. Estoy casado con una europea, trabajé para empresas europeas y me gusta la cultura europea", dijo.

"Pero odio la bandera. Odio el himno. Y odio las instituciones", sentencia este amante del rugby, el críquet, la pesca y el buen vino.

Farage rechaza la etiqueta de radical y, como prueba, esgrime su rechazo a las propuestas de acercamiento del Frente Nacional francés. Su líder Marine Le Pen, explica, multiplica "las demandas de boda, como en las novelas clásicas", pero "no somos de la misma familia".

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AFP