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La embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, durante una reunión del Consejo de Seguridad en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, el 4 de septiembre de 2017

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Afecta a las declaraciones impactantes, por ejemplo sobre Corea del Norte o Irán, Nikky Haley aparece cada vez más como la voz de la diplomacia estadounidense, por encima del muy discreto secretario de Estado Rex Tillerson.

Difícil es saber quién, entre la embajadora ante Naciones Unidas o el exdirector del gigante petrolero ExxonMobil, tiene las preferencias del presidente Donald Trump.

Las evidencias indican, sin embargo, que es Haley la que ocupa los primeros planos, como lo ha mostrado la crisis norcoreana durante la cual esta mujer de 45 años ha golpeado la mesa en varias ocasiones.

Fue ella la que dijo ante el Consejo de Seguridad que Pyongyang había ido demasiado lejos y reclamó sanciones más severas contra un gobierno que "sólo suplica por una cosa, la guerra".

Tillerson (65 años), en cambio, parece omiso en este tema, y hay quienes le critican que haya mostrado más preocupación por las inundaciones causadas por el huracán Harvey en su Texas natal que por los asuntos propios de su cartera.

Sus últimas declaraciones sobre el caso norcoreano, poco antes de que el gobierno de Kim Jong-Un realizara el domingo un ensayo de bomba de hidrógeno, apuntaban a destacar la "contención" de que estaba haciendo gala el régimen de Pyongyang.

Invisible en la Casa Blanca, donde se muestran los "militares" del equipo de seguridad nacional, y ausente de la prensa, Tillerson no ha publicado siquiera un comunicado, limitándose a informar que se ha reunido con varios de sus pares.

"A diferencia de sus predecesores, el secretario de Estado piensa que la diplomacia debe ser conducida entre bambalinas. Queremos ser eficaces, no exhibir todo en la plaza pública", teoriza su entorno.

Haley no tiene esas precauciones.

La embajadora ante la ONU, estima un alto funcionario europeo que reclamó el anonimato, "es la personalidad estadounidense más influyente en política exterior".

A Haley se le atribuyen ambiciones presidenciales y no pasa una semana en la que no se hable de su probable desembarco en el Departamento de Estado, en lugar de Tillerson.

Ella misma dijo a CNN que apenas electo Donald Trump le ofreció ese cargo, pero que lo rechazó porque consideraba que no contaba con suficiente experiencia internacional.

- "Olfato político" -

Aceptó en cambio ir a la ONU para aprender. "A cambio de poder decir lo que pienso" y de "no ser un florero", remarcó en esa entrevista.

En la sede de la ONU en Nueva York, donde actúa con rango de ministro (caso único), Haley ha demostrado manejarse con sentido de la puesta en escena. Al contrario de sus colegas, que a menudo aparecen flanqueados de consejeros, ella siempre acude sola a las ruedas de prensa.

Así lo hizo el lunes, cuando al término de una reunión de urgencia sobre Corea del Norte fue la primera en anunciar una muy próxima decisión de nuevas sanciones contra Pyongyang.

También ha estado en primera línea sobre Irán. Mientras Tillerson no oculta sus "divergencias de puntos de vista" con Trump, que había prometido durante su campaña "destrozar" el acuerdo nuclear de 2015 entre seis grandes potencias y Teherán, Haley ha desplegado públicamente una detallada argumentación en la cual el presidente podría apoyarse si decidiera revisar ese pacto.

Sus posiciones sobre ese acuerdo, al que considera muy malo, le han valido críticas en Washington y apoyos de la derecha.

"Para muchos estados delincuentes del mundo", Nikki Haley "aparece cada vez más como la voz de Estados Unidos, una voz fuerte y clara", comentó Danielle Pletka, vicepresidenta del grupo de reflexión conservador American Enterprise Institute.

En agosto, mientras visitaba la sede de la Agencia Internacional de la Energía Atómica en Viena para informarse sobre el respeto por Irán de los acuerdos de 2015, Haley intervino a la distancia en el debate que se daba en la ONU sobre los cascos azules en Líbano.

Abiertamente pro israelí, pretendía reforzar a las fuerzas de la ONU en la frontera entre Israel y Líbano para contener al Hizbolá.

No lo logró, pero ese fracaso no amilanó a esta exgobernadora de Carolina del Sur de origen indio.

Haley "no posee un gran espesor diplomático, pero sí tiene olfato político. Elige los casos en los que se involucra, sus combates, y deja que sus colaboradores se ocupen de lo demás", apuntan representantes europeos.

Sus críticos más virulentos dicen que vive "desconectada de la realidad" y que defiende posiciones ultraconservadoras.

"Es como Trump, un bulldog", pero con un físico más seductor, observó uno de ellos que no quiso revelar su identidad.

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AFP