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Diversos objetos cubiertos de barro a causa de las inundaciones yacen en el suelo de una casa el pasado 17 de agosto en Denham Springs (Luisiana), al sur de EEUU

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El presidente de EEUU, Barack Obama, recién llegado de sus vacaciones, se dirige este martes a Luisiana, donde espera silenciar las críticas por no haber ido antes a apoyar a la población de ese estado sureño afectado por unas históricas inundaciones.

Cuando, a mediados de agosto, cayeron sobre Luisiana lluvias torrenciales, dejando en unas pocas horas al menos 13 muertos y cuantiosos daños materiales, Obama se encontraba en Martha's Vineyard (noreste del país) para pasar dos semanas de vacaciones en familia.

El candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, visitó el viernes a las víctimas y dijo: "Francamente, Obama debería dejar el campo de golf y venir aquí". Pero la alusión de Trump "obviamente no es" la razón por la cual el presidente decidió ir al lugar, aseguró el lunes su portavoz, Josh Earnest.

El Gobierno ha respondido de forma "eficaz", afirmó Earnest. "En eso ha estado centrado el presidente, en la respuesta dada en el terreno y el destino de los habitantes de Luisiana cuyas vidas han sido perturbadas por estas terribles inundaciones".

La FEMA, la agencia federal encargada de las operaciones de rescate, señaló que hasta 79 centímetros de lluvia cayeron en algunos lugares en este estado costero particularmente pantanoso situado en la desembocadura del Misisipi.

Al menos 86.000 personas se registraron para solicitar ayuda federal para hacer frente a los daños causados por las inundaciones, que hicieron rebrotar los dramáticos recuerdos del huracán Katrina, que golpeó duramente ese estado y dejó 1.800 muertos en 2005.

- Clinton y Trump -

En aquel momento, el presidente George W. Bush fue criticado por la lentitud de su respuesta y las imágenes en las que se le veía sobrevolando las zonas devastadas de Nueva Orleans se volvieron emblemáticas de la indiferencia de la que fue acusado frente a la tragedia.

Esta vez, fue desplegada la Guardia Nacional, el gobierno federal hizo todo lo posible para demostrar que se había activado lo más rápido posible y se declaró rápidamente el estado de desastre en 22 de los 64 condados de Luisiana, lo que permitió desbloquear la ayuda federal. "La respuesta del Gobierno federal ha sido eficaz", insistió Earnest.

A poco más de dos meses de las elecciones presidenciales del 8 de noviembre, la reacción de los dos candidatos ha estado bajo un cuidadoso escrutinio.

El gobernador demócrata de Luisiana, John Edwards Bel, había dicho que la visita de Donald Trump era bienvenida "con la condición de que no se trate sólo de posar para las fotos".

El gobernador también justificó la decisión de Obama de no ir allí antes argumentando que una visita presidencial exige tales medidas de seguridad que necesitaría disponer de policías que estaban ocupados en ayudar a los damnificados.

Un argumento que también esgrimió la candidata demócrata Hillary Clinton, al decir que prefería darle tiempo a los servicios de rescate para hacer su trabajo, aprovechando para hacer una crítica implícita a la ida de su oponente republicano.

"Me he comprometido a visitar a las poblaciones afectadas por las inundaciones cuando la presencia de un equipo de campaña electoral no perturbe las operaciones" de rescate, dijo, instando a colaborar con donaciones a la Cruz Roja.

Luisiana vota tradicionalmente a favor del Partido Republicano en las presidenciales. El último demócrata en ganar en Luisiana fue el presidente Bill Clinton, en los comicios de 1996, cuando fue reelegido.

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AFP