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Un grupo de Soldados de Odín, fotografiados en Kemi, en el norte de Finlandia, el 5 de febrero de 2016

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Los Soldados de Odín, a las órdenes de un delincuente neonazi, patrullan las calles finlandesas con el pretexto de proteger de los migrantes a la población local. Como contrapunto, las mujeres y los payasos siembran sonrisas y mensajes de paz.

El termómetro marca -15 grados centígrados. En esta noche de febrero, un escuadrón de hombres musculosos sigue el rastro de los "invasores islámicos" por las calles nevadas de Kemi, una ciudad industrial de Laponia reconocible por sus chimeneas de fábricas de celulosa.

Los Soldados de Odín, el Dios nórdico y germánico del furor y la guerra, desfilan a cara descubierta en uniforme negro grabado con el acrónimo "S.O.O." (Soldados de Odín).

Si estos grupos autodefensivos todavía no han encontrado una presa es porque hace frío, afirma su líder, un camionero de 29 años. Pero cuando haga buen tiempo, asegura a una periodista de la AFP, los bañistas acudirán a orillas de los lagos y "comenzarán las violaciones".

Mika Ranta creó una milicia en esta localidad a una hora por carretera al sur del círculo Ártico cuando miles de refugiados iraquíes cruzaron la frontera sueca de paso hacia el sur del país. Cuentan con 600 miembros activos en varios municipios.

En 2015, Finlandia, de 5,4 millones de habitantes, acogió a más de 32.000 solicitantes de asilo, una de las proporciones más altas de Europa.

Una pesadilla para Ranta, un militante neonazi condenado por violencia de carácter racista en 2005. Matiza que las milicias Odín no tienen por qué compartir su ideología. "Si yo, su fundador, soy lo que soy, no significa que lo sea todo el grupo. No somos más que una organización de patrulleros callejeros", insiste.

El futbolista francés David Bitsindou, que juega de defensa en el club local, reconoce que se respira un ambiente deletéreo. "Es verdad que es un poco triste porque la policía está para hacer su trabajo", lamenta.

- Hermanas de Kyllikki -

La policía finlandesa desaprueba la iniciativa de los Soldados de Odín, aunque sin demasiado ahínco, y el ministro del Interior, Petteri Orpo, denuncia lo que considera un movimiento de tendencia "extremista".

Otros reaccionan con sentido del humor. Las Hermanas de Kyllikki toman su nombre de una figura femenina, jovial y pacifista de la mitología nacional. Estas 'hermanas' son mujeres (madres e hijas de Kemi, jubiladas o en actividad) que se conocieron en Facebook.

Siempre que pueden se juntan en el centro de la ciudad para repartir buen humor y "vales" para "un mimo". Su iniciativa suscita a veces desconfianza en este país pudoroso, donde hablar con un extranjero y expresar afecto no van de la mano.

"Estamos aquí para demostrar que Kemi es segura y tranquila, que las personas deberían cuidar las unas de las otras", explica la 'hermana' Katja Hietala. "Hace al menos ocho años que tenemos un centro de acogida (para solicitantes de asilo) y nunca ha habido problemas", explica.

"Me dan más miedo los Soldados de Odín porque son mucho más aterradores", asiente una transeúnte veinteañera.

Mervi Sotisaari, de 56 años, disiente. Dice que una vez un refugiado la siguió por la calle. "No me molestaría que ellos (los Soldados de Odín) patrullaran más a menudo por la noche (...). Con tal de que se porten bien. No es agradable vivir con miedo", afirma esta madre de tres hijos.

En otras ciudades finlandesas como Tampere (sur), personas anónimas se disfrazan de payasos y desfilan haciendo ruido para dar la bienvenida a los migrantes. Se hacen llamar 'Loldiers of Odin' (juego de palabras con el vocablo 'lol', que significa 'jajajá').

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AFP