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El presidente cubano Raúl Castro entremedio del presidente de Colombia Juan Manuel Santos (I) y Timoleón Jimenez, alias "Timochenko" (D), líder de la guerrilla las FARC durante la firma del cese al fuego en la Habana el 23 de junio 2016

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Cuando la izquierda latinoamericana retrocede, Cuba revalidó su presencia internacional al ser sede y garante de las fructíferas conversaciones de paz de Colombia para poner fin a un conflicto bélico bajo el foco mundial.

"Ser anfitrión de las conversaciones de las FARC es un camino justo sin costo para mostrar al mundo que Cuba todavía puede y quiere jugar un papel global", dijo a la AFP Paul W Hare, exembajador británico en Cuba, profesor de la Universidad de Boston.

La foto del estrechón de manos entre el presidente colombiano Juan Manuel Santos y el jefe guerrillero Timoléon Jiménez (Timochenko), con el presidente cubano Raúl Castro en el centro, los tres de simbólicas camisas blancas, ocupó vastos espacios mediáticos el jueves y el viernes.

Santos y Timochenko sellaron el jueves en La Habana importantes acuerdos sobre el cese al fuego definitivo, dejación de armas y ratificación del acuerdo final, los más espinosos que restaban para un pacto final.

Esos textos coronan tres años y medio de negociaciones en Cuba entre el gobierno de Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), iniciadas en noviembre de 2012.

-Adiós a las armas-

Santuario de insurgentes en los años 60-70, La Habana devino aliada de gobiernos "progresistas" en el nuevo siglo, como Venezuela, Bolivia, Argentina y Ecuador, dejando atrás el apoyo a "la vía armada".

La llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela, en 1999, abrió una época de ascenso de la izquierda regional, que comenzó a declinar con su muerte, en 2013.

Venezuela está en una crisis profunda, en Argentina hay actualmente un gobierno de centroderecha tras la derrota del kirchnerismo, Evo Morales perdió un referendo en Bolivia para poder postular a una nueva reelección, y Ecuador se apresta para el relevo de Rafael Correa.

"Da la impresión que Cuba está jugando ahora un papel crucial en las políticas regionales, precisamente cuando la izquierda en muchas partes de Sudamérica está perdiendo apoyo o se encuentra en declive", dijo a la AFP Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano.

-"La vieja camaradería revolucionaria"-

Como Cuba, Noruega fue garante del proceso de paz en Colombia, y Venezuela y Chile acompañantes, pero La Habana fue el "lugar lógico para llevar a cabo las negociaciones", dijo Shifter.

Ser sede de esas pláticas "también refleja la vieja camaradería revolucionaria con la izquierda, que Cuba promueve", dice Hare.

Sin embargo, las FARC no es una "vieja camarada" de Cuba, que siempre se identificó más con el "guevarista" Ejército de Liberación Nacional (ELN), que negocia con Santos en Ecuador, y con el ya desaparecido M-19.

Entre el líder cubano Fidel Castro y el dirigente histórico de las FARC Manuel Marulanda Vélez (1930-2008) hubo igualmente diferencias, que marcaron una amistad distanciada. En 2008, Fidel escribió que su "desacuerdo con la concepción de Marulanda se fundamenta en la experiencia vivida, no como teórico sino como político".

Aún así, La Habana apareció como el lugar idóneo por haber jugado también un papel mediador entre insurgentes y gobiernos colombianos en ocasiones anteriores.

-De guerrillero a estadista de paz-

Enfundado en su guayabera blanca y con el aplomo de un estadista de 86 años, la imagen de Raúl Castro dista de la del joven jefe guerrillero que secundó a su hermano Fidel en la guerrilla en Cuba (1956-59).

Desde que asumió el poder en 2008, Raúl demostró capacidades pragmáticas en busca de un despegue económico del país en condiciones de paz y sin renunciar a un rol regional.

En 2014, como presidente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, primer foro regional sin Washington, Raúl promovió que América Latina se proclamara "zona de paz", frente a un Estados Unidos todavía adverso.

En febrero pasado, Cuba fue anfitrión de otro evento histórico, cuando el patriarca ortodoxo ruso Kirill suscribió en La Habana un acuerdo con el papa Francisco, que zanjó el cisma de 1054 entre las dos iglesias.

Ahora numerosos gobiernos, entre ellos el de Estados Unidos, país con el cual Cuba restableció relaciones en julio de 2015, han reconocido el papel de La Habana en la búsqueda de la paz de Colombia.

El negociador por el gobierno colombiano Humberto de la Calle dijo el viernes que el Ejecutivo de Santos tiene "un enorme reconocimiento" por la ayuda de la isla. "Luego necesariamente tendremos un gesto claro frente a Cuba al momento de terminar las conversaciones", señaló.

Para Cuba poco determina si el acuerdo final de paz se firma en Colombia, como quiere Santos, o en La Habana, como desean las FARC: La Habana ya se anotó un importante gol político

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AFP