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Una marcha anticipando la decisión de la Corte de Arbitraje de La Haya rechazando la reivindicación de Pekín sobre el mar de China Meriodional, el 12 de julio de 2016 en Manila

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El revés diplomático de China en la Corte de Arbitraje de La Haya, que rechazó su reivindicación en el mar de China Meridional, coloca a Pekín ante el difícil dilema entre un nacionalismo febril y una diplomacia pragmática, estimaron varios analistas.

La sentencia de la Corte Permanente de Arbitraje (CPA) de La Haya, que el martes dictaminó que China había "violado los derechos soberanos de Filipinas en su zona económica exclusiva" de 200 millas marinas mediante la construcción de islas artificiales es el mayor fracaso diplomático de este miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU en años.

La reivindicación de Pekín de la práctica totalidad de ese mar estratégico ha sido apuntalada de forma física con la construcción de una serie de islas artificiales diseñadas para servir de plataforma a operaciones militares.

Por ello, la sentencia del tribunal respaldado por la ONU, que al pedirle Filipinas que se pronunciara, ha concluido que las ambiciones chinas en el área no tienen sustento legal, ha supuesto un mazazo para Pekín.

El anuncio ha desatado un flujo de reproches por parte del Gobierno chino y los medios estatales, que llevaban meses preparándose para un veredicto desfavorable, con ataques a la integridad del tribunal, calificándolo de "fraude" o de "engendro".

Ciudadanos chinos volcaron su furia en la red, pero las autoridades censuraron los comentarios más agresivos e impusieron un fuerte cordón de seguridad entorno a la embajada filipina, ante el riesgo de protestas violentas.

Pekín reiteró su derecho a declarar una "Zona de Identificación de Defensa Aérea" (ADIZ) en el área, pero no amenazó explícitamente con acciones en el agua.

- Disyuntiva -

En el fondo, Pekín se ha boicoteado a sí misma al criticar el procedimiento e insistir en que el tribunal no tenía jurisdicción, porque ha desaprovechado la oportunidad de defender su posición, afirman los analistas.

China contribuye con más cascos azules que ninguna otra nación en el mundo a las misiones de paz de la ONU y acogerá en septiembre la cumbre anual del G20.

Yanmei Xie, especialista en China del International Crisis Group, asegura que la ambición de Pekín por ocupar un puesto relevante en el plano diplomático internacional la deja en una disyuntiva.

"En este punto, China está donde quiere para participar en el modelado de las instituciones internacionales y en algunos casos ha asumido un papel de líder", señaló a la AFP.

Pero su credibilidad se verá afectada si se posiciona "en contra de la ley y las instituciones internacionales", según esta experta.

- 'Verdadera prueba' -

El partido Comunista chino ha buscado durante mucho tiempo impulsar su legitimidad con llamamientos al nacionalismo y se ha vuelto más agresivo en sus reivindicaciones.

"Esta será la primera verdadera prueba del liderazgo de Xi Jinping porque ha soltado el tigre del sentimiento nacionalistas y se ha envuelto en esa bandera con mucho éxito", afirma Euan Grahan, del 'think tank' Lowy Institute en Australia.

"China se toma su pertenencia a Naciones Unidas y al Consejo de Seguridad muy en serio", afirma, pero Xi "se ha asociado a sí mismo con las reivindicaciones marítimas" y es difícil contradecir esa postura de cara a su opinión pública.

Jay Batongbacal, experto en asuntos marítimos de la Universidad de Filipinas, cree que la sentencia es "un desastre en política exterior para el partido" y considera que será muy complicado para China moverse de su línea dura pública "sin parecer que está haciendo concesiones".

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AFP