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Un hombre consuela a una mujer herida frente a la estación de trenes en dos explosiones que dejaron casi un centenar de muertos durante una manifestación por la paz, en Ankara el 10 de octubre de 2015

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Llegaron desde los cuatro rincones de Turquía para recoger los cuerpos de sus seres queridos. Frente a la morgue, los familiares de las víctimas del atentado de Ankara afrontaban el domingo el duelo con pena, rabia e incredulidad.

Sólo el trajín regular de los coches fúnebres rompe el silencio.

Debajo de tiendas, sentados en alfombras o en mantas, cientos de hombres y mujeres de todas las edades esperaban, entre lágrimas, bajo una fina lluvia, que les entregaran los restos de sus familiares.

La multitud aplaudía tímidamente cada vez que se acercaban los coches fúnebres. Los que intentaban gritar consignas eran acallados por los demás.

"Ya no es momento para banderas o consignas", explicó una joven de 23 años, que pidió no ser identificada.

"En el sur o en el sureste de Turquía estamos acostumbrados a los muertos, a los mártires, pero aquí no", expresó entre lágrimas. "Esta vez mataron a cerca de cien personas en el centro de la capital ¿se dan cuenta?", pregunta, impotente.

Eran las 10H04 locales (07H04 GMT) del sábado, cuando dos explosiones segaron la vida de al menos 97 personas y dejaron heridas a 500.

Los manifestantes participaban en una marcha por la paz, en un momento en que en el sudeste del país resurge el conflicto entre las fuerzas de seguridad y los rebeldes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

"Todos habían venido a defender la paz", afirma con la voz entrecortada Umit, que perdió a su hermana.

"No hemos podido recuperar los cuerpos", se lamenta el joven, que critica la lentitud de los forenses.

- Apocalipsis -

Umit acusa a la policía de haber utilizado gases lacrimógenos y de haberlos golpeado mientras intentaban ayudar a los heridos fuera de la estación de Ankara.

"Vi cómo volaban brazos encima de nuestras cabezas. Delante mio (...) Vi un cuerpo volar diez metros sobre mí. Había cadáveres, cadáveres por todos lados", cuenta con la voz cortada por la emoción Safiye, una mujer de unos 50 años que apenas puede tenerse en pie.

Otro testigo, Mahomet, describe la escena como un "apocalipsis".

"Uno había perdido la mano, otro el pie, otros bañaban en su propia sangre", recuerda. "Era peor que la guerra. En una guerra se puede escapar. Ahí no se podía, era inhumano".

Detrás del estupor y la pena, subyace la rabia.

Los familiares de las víctimas, la mayoría de ellas militantes de la causa kurda, acusan al gobierno islamo-conservador de no haber protegido la manifestación del sábado y de alentar la violencia contra el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), al que las autoridades consideran cómplice del PKK.

"Los que no creen en la fraternidad, los que no creen en la igualdad de los pueblos de este país son lo que provocaron lo que vimos ayer en Ankara", afirma Havva.

"Lo que hicieron fue convertir a Ankara en una ciudad cubierta de sangre", agrega.

AFP