Era desconocido a comienzos de año, pero ahora el joven Pete Buttigieg integra el pelotón de frente para las primarias demócratas. ¿Están los estadounidenses listos para elegir a su primer presidente abiertamente homosexual?

Varios países europeos han sido gobernados por líderes gays, como Islandia, Bélgica, Luxemburgo o Irlanda.

Estados Unidos tuvo 43 presidentes blancos hasta la llegada de Barack Obama en 2008, la primera apertura a la diversidad racial. Pero nunca un presidente abiertamente homosexual.

Cuando Buttigieg anunció en enero que sería candidato a las presidenciales, nadie conocía a este exmilitar de 37 años, que estuvo en Afganistán y fue alcalde de la pequeña ciudad de South Bend, en el estado de Indiana, la cual se jacta de haber revitalizado.

Hoy este político de centro que se presenta regularmente en la campaña junto a su marido Chasten, quien se puso el apellido de su pareja, encabeza junto a un puñado de rivales una carrera de final incierto.

Un sondeo publicado este fin de semana lo sitúa claramente a la cabeza de las intenciones de voto en Iowa, primer estado en votar en las primarias demócratas a comienzos de febrero. Y las últimas encuestas nacionales lo ubican en cuarto lugar, detrás de tres septuagenarios bastante más experimentados que él: el exvicepresidente Joe Biden y los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren.

En unos años, y sobre todo desde la legalización del matrimonio homosexual en 2015, "el paisaje para los candidatos LGBTQ ha cambiado radicalmente", afirma la demócrata Annise Parker, presidenta del Victory Fund, una organización que apoya los candidatos homosexuales en Estados Unidos.

"Fui el primer alcalde abiertamente gay de una de las 100 primeras ciudades estadounidenses", recuerda Parker, alcaldesa de Houston entre 2010 y 2016.

"Actualmente tenemos tres (ciudades), así como dos gobernadores y dos senadoras (...) La cantidad de funcionarios electos gay al más alto nivel aumenta muy rápido".

- 762 funcionarios electos LGBTQ -

El primer candidato abiertamente gay de un gran partido a las presidenciales en Estados Unidos fue Fred Karger, que peleó por la investidura republicana en 2012.

Pero su candidatura nunca despegó. No participó en ningún debate televisivo e incluso recibió amenazas de muerte.

Un mapa de los funcionarios electos gay publicado por el Victory Fund señala actualmente 762 políticos LGBTQ de todos los niveles en funciones en Estados Unidos, en la casi totalidad de los estados, incluso los más conservadores, a excepción de Dakota del Sur y Misisipi.

Un sondeo de la asesoría Gallup de mayo de 2019 apoya esta evolución: un 76% de los estadounidenses -y un 83% de los demócratas- dijo estar dispuesto a votar por un candidato abiertamente homosexual, tres veces más que en 1978, año en que la institución hizo la pregunta por primera vez.

Según John Della Volpe, experto del Instituto de Política de Harvard, los últimos estudios muestran que la mayoría de los electores, comenzando por los más jóvenes, no le da importancia a la orientación sexual de los candidatos.

"Lo que está en juego es tan importante que los electores buscan ante nada integridad, autenticidad", y "no se focalizan en la edad, la raza, el género o la identidad sexual", dijo.

Y en términos de integridad y autenticidad, ser abiertamente gay es "una fortaleza". Y en el caso de Buttigieg en particular "la historia de un joven que lucha con su identidad (...) es una ventaja", subraya.

- ¿Está listo EEUU? -

Pero aún hay reticencias.

En entrevistas realizadas en julio con una muestra de electores demócratas negros de Carolina del Norte, algunos indicaron sentirse "incómodos" con la orientación sexual de Buttigieg, según un memo que se filtró a los medios.

La mayoría, según ese documento, parecían no obstante tranquilizarse tras escucharlo hablar: los discursos de Buttigieg derrochan moderación, y rara vez desaprovecha la ocasión de mencionar su fe cristiana.

Algunos electores como TJ Thran, de 25 años, de New Hampshire, dicen temer que su homosexualidad sea un hándicap si gana las primarias y se enfrenta al presidente republicano Donald Trump en noviembre de 2020.

No es el único. A fines de octubre, un sondeo indicó que 45% de los electores consideran que Estados Unidos "no está" o "probablemente no está" lista para un presidente gay.

Por ahora, sin embargo, el joven alcalde continúa su ascenso, sobre todo gracias a contribuciones financieras que se sitúan justo detrás de las de Bernie Sanders y Elizabeth Warren, y por delante de las de Joe Biden.

Una prueba de que seduce más allá de los ricos donantes de Hollywood, donde multiplicó las cenas de recolección de fondos, con el apoyo de celebridades como Gwyneth Paltrow o Barbra Streisand.

"Ya está haciendo caer las barreras", se congratula Parker. "Muestra que es completamente estadounidense, completamente transparente sobre sus relaciones con su marido, y eso cambia el paisaje para todos aquellos que sean candidatos tras sus pasos".

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