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Un judío ultraortodoxo pasa por delante de una pancarta que exhorta al presidente de EEUU, Barack Obama, a liberar a Jonathan Pollard, encarcelado por espionaje, el 13 de marzo de 2013

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La sala de oraciones de la sinagoga no lleva el nombre de un generoso donador o de un personaje bíblico, sino el de Jonathan Pollard, un símbolo de la ultraderecha israelí a punto de ser liberado después de purgar 30 años de cárcel en Estados Unidos.

"Aquel que intenta ayudar a Israel y paga por ello es un héroe y un mártir", asegura Daniel Louria, director de la asociación Ateret Cohanim, que renovó esta sinagoga de Jerusalén Este, en el corazón de un barrio palestino.

El exanalista de la marina estadounidense Jonathan Pollard, de 61 años, fue condenado en 1987 a cadena perpetua por espiar para los servicios israelíes.

Está previsto que salga de la cárcel el viernes, para alegría de Israel, donde no fue siempre tan popular.

Su historia comenzó en 1984, cuando Pollard ofreció informaciones a los servicios secretos israelíes cuyo contenido nunca se ha revelado.

El espía siempre ha afirmado que sólo había transmitido informaciones vitales para la seguridad de Israel que los estadounidenses no habían proporcionado a su aliado, incluidas imágenes por satélite del cuartel general de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que por entonces se hallaba en Túnez.

Algunos atribuyen a motivos financieros la traición de Pollard, del que se sospecha que también transmitió informaciones a Sudáfrica y documentos sobre China a su primera mujer, Anne, que los necesitaba para su trabajo.

- Víctima, héroe -

En los años posteriores a su condena, el Gobierno israelí negó cualquier implicación en el caso, asegura un exdiplomático israelí. "La línea oficial consistía en ignorarlo", explica esa fuente, que quiso guardar el anonimato.

En los años 1990, unos militantes de extrema derecha emprendieron una campaña para apoyar al detenido, presentándolo como un "héroe" nacional y consiguiendo que se le concediera la nacionalidad israelí en 1995.

Pollard, que abrazó la religión judía en la cárcel, empezó a utilizar un lenguaje nacionalista y a expresar su deseo de ayudar el Estado de Israel.

Su segunda mujer, Esther, con la que se casó en la cárcel, lanzó una campaña para que las autoridades israelíes presionaran con el fin de conseguir su liberación.

Para Mark Shaw, autor de un libro sobre el caso, las declaraciones de Pollard y la campaña de su mujer dificultaron el indulto estadounidense.

- "Clemencia" -

La izquierda israelí y algunos diplomáticos estadounidenses también llevaron a cabo una campaña para la liberación de Pollard, calificando de desproporcionada la duración de su condena.

Varios Gobiernos israelíes retomaron ese argumento, y el actual primer ministro, Benjamin Netanyahu, intentó incluir su liberación en las negociaciones de paz con los palestinos, que concluyeron sin éxito en abril de 2014.

A finales de julio, el anuncio de su liberación alimentó conjeturas sobre la posibilidad de que se tratara de compensación estadounidense, tras el acuerdo sobre el programa nuclear iraní que firmaron Teherán y las grandes potencias. Washington niega cualquier relación entre ambos acontecimientos.

Para Ofer Zalsberg, analista israelí del centro de investigación International Crisis Group, "la mayoría de los judíos israelíes apoyan ahora, por distintos motivos, su liberación".

"Algunas personas de derechas piensan que lo que hizo fue justo y otras, más a la izquierda, piden clemencia porque consideran que ya cumplió su pena", asegura Zalsberg.

Su acogida como un héroe en Israel deberá, sin embargo, esperar porque la justicia estadounidense le prohibió salir del territorio durante cinco años.

AFP