El secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, llegó este domingo a Riad, una etapa sensible de su gira en la que pedirá al príncipe heredero saudita, Mohamed bin Salmán, que todos los responsables de la muerte del periodista Jamal Khashoggi "rindan cuentas".

El alto funcionario estadounidense, que realiza una gira por Medio Oriente, comenzó su segunda visita a Arabia Saudita desde el asesinato de Khashoggi en el consulado de su país en Estambul el 2 de octubre.

"Vamos a seguir discutiendo con el príncipe heredero y los sauditas para lograr que todos rindan cuentas en relación a la muerte de Jamal Khashoggi", había declarado Pompeo durante una conferencia de prensa en Doha, antes de viajar a Arabia Saudita.

Pompeo explicó que quería asegurarse de que Washington "dispone de todos los detalles" sobre el asesinato del periodista saudita. Y que los autores "sean tomados por responsables, por los sauditas pero también por Estados Unidos".

Tras aterrizar en Riad, Pompeo volvió a presionar a Arabia Saudita para que siga investigando el asesinato, durante una conversación con Adel al Jubeir, ministro de Estado de Relaciones Exteriores, y el príncipe Jalid bin Salmán, embajador saudita ante Washington.

Más de tres meses después, el cuerpo de Khashoggi, periodista crítico con el poder de su país, que colaboraba con el Washington Post, aún no ha sido hallado y quedan algunas interrogantes, como la identidad del o de los que ordenaron esta operación perpetrada por un comando de 15 agentes sauditas.

- Conservar la relación -

El juicio de 11 sospechosos comenzó el 3 de enero en Arabia Saudita y el fiscal general pidió la pena de muerte para cinco de ellos. La administración del presidente estadounidense, Donald Trump, sancionó por su parte a 17 responsable sauditas.

Bajo presión, las autoridades del reino terminaron por admitir que el periodista había sido drogado y que había muerto de sobredosis, antes de que su cuerpo fuera desmembrado en el interior del consulado. En cambio, desvincularon del caso al poderoso príncipe heredero.

Este caso afectó a las relaciones entre Estados Unidos y el reino saudita, pilar tradicional de las alianzas regionales de Washington, en un momento en el que la administración Trump intenta construir una sólida "coalición" contra el enemigo común, el Irán chiita.

Aunque el Senado estadounidense atribuyera claramente al príncipe heredero la responsabilidad del asesinato, Trump afirmó que quería conservar la relación estratégica con el reino.

Grupos de defensa de los derechos humanos pidieron a Pompeo que también presione al príncipe heredero en lo referente al encarcelamiento de mujeres activistas en el reino, de las que se denuncia que habrían sufrido acoso sexual y tortura durante los interrogatorios.

"Me sorprende lo que no está incluido en el itinerario de Pompeo: las valientes mujeres activistas de Arabia Saudita que están encarceladas en las prisiones del reino por reclamar derechos y dignidad", escribió Alia al Hathloul este domingo en el The New York Times.

La hermana de Hathloul, Loujain, es una de las más de 10 activistas arrestadas el pasado mayo, justo antes de que se retirara la prohibición de conducir para las mujeres.

- Llamado a la unidad -

En Catar, donde se reunió con el emir, jeque Tamim bin Hamad al Thani, Pompeo también intentó impulsar la reconciliación entre los países vecinos, sin signos de apertura en esta etapa después de un año y medio de crisis que socava la política estadounidense en la región, y paraliza al Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).

"Hoy he señalado la importancia de la unidad entre los miembros del CCG. El presidente Trump y yo mismo pensamos que la disputa duró demasiado", insistió el jefe de la diplomacia estadounidense durante una conferencia de prensa con su homólogo catarí, jeque Mohamed bin Abderrahman al Thani.

Arabia Saudita, Baréin, Emiratos Árabes Unidos y Egipto rompieron relaciones diplomáticas con Catar en junio de 2017, imponiéndole un bloqueo, en razón de los presuntos vínculos entre Doha y los grupos islamistas radicales y, precisamente, el Irán chiita, enemigo común de otros países sunitas de la región. Catar rechaza categóricamente apoyar a movimientos extremistas.

Para Washington, pasar página en esta crisis es indispensable para lograr su Alianza Estratégica en Oriente Medio, una especie de OTAN árabe destinada a unir a sus aliados del Golfo y a Egipto y Jordania contra Teherán.

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