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El líder del PSD, centro-derecha portuguesa, Pedro Passos Coelho, actualmente primer ministro, el 27 de septiembre de 2015 dando un mítin en Braga

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Los portugueses votarán el próximo domingo un nuevo parlamento después de cuatro años de austeridad, con la duda de renovar el mandato del gobierno de centro-derecha u optar por el cambio moderado que propone la oposición socialista.

La coalición conservadora formada por el Partido Social Demócrata (PSD), centro-derecha, y el Centro Democrático Social (CDS), derecha, dirigida por el primer ministro del país, Pedro Passos Coelho, de 51 años, encabeza la mayoría de los sondeos electorales, algo inimaginable hace algunos meses.

Al cabo de una campaña de alta tensión, la coalición conservadora tendría entre 35,5% y 40,3% de los votos, por delante del Partido Socialista, dirigido por Antonio Costa, de 54 años, exalcalde de Lisboa, que obtendría entre 31,8% y 36%.

Sin embargo, el resultado de las elecciones sigue siendo incierto porque 20% de los electores se dicen indecisos.

Ninguno de los dos campos parece en condiciones de obtener la mayoría absoluta de 116 diputados sobre 230.

"La ausencia de una mayoría absoluta, vinculada a la falta de una dirección clara, podría ser una señal negativa para los mercados", advierte Paula Carvalho, economista del banco portugués BPI.

"Después de la crisis, llega la hora de la reactivación económica, lo que favorece a la coalición gubernamental", comenta a AFP el analista político José Antonio Passos Palmeira.

Elegido en junio de 2011, Pedro Passos Coelho, un centrista liberal, se felicita de haber sacado a Portugal de una de las peores crisis de su historia.

Al llegar al poder, Portugal estaba al borde del cese de pagos y su predecesor, el socialista José Socrates, acababa de solicitar una ayuda de 78.000 millones de euros a la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Passos Coelho aplicó una política de austeridad sin precedentes, que combinó alza de impuestos y reducción de salarios con recorte del gasto público y privatizaciones.

En 2014, la economía portuguesa volvió a crecer después de tres años de recesión y en julio de 2015 el desempleo era del 12%, contra un 17,5% a comienzos del 2013.

Sin embargo, un portugués de cada cinco vive bajo el umbral de la pobreza, con un ingreso menor a 5.000 euros anuales.

A pesar de la política de austeridad infligida a los portugueses, no ha surgido ningún partido contestatario capaz de dar la vuelta al tablero político, como ha sucedido en Grecia y España.

La crisis griega, mirada con lupa por los portugueses, podrían incluso darle un empujoncito electoral a la mayoría de derecha.

"La tentativa del partido griego Syriza de poner fin a la austeridad fracasó. De repente, el elector portugués puede decirse que no existe realmente una alternativa", dice Passos Palmeira.

El socialista Antonio Costa propone "pasar la página de la austeridad" y estimular el crecimiento aumentando el poder adquisitivo de los hogares, sin abandonar las reglas presupuestarias europeas. Antonio Costa se dedicó a desmarcarse de José Socrates, que gobernó de 2005 a 2011, y cuya imputación por corrupción y blanqueo de capitales en noviembre de 2014 sacudió al Partido Socialista.

Durante la campaña, Costa radicalizó su discurso, corriendo el riesgo de enajenar a los electores centristas, al anunciar que no votaría el presupuesto en el caso de una victoria de la derecha. Pedro Passos Coelho respondió que esa actitud "provocaría una inestabilidad que podría desembocar en nuevas elecciones en poco tiempo".

Los conservadores temen que el PS impida un gobierno minoritario de derecha aliándose con el Partido Comunista y el Bloque de Izquierda, partido hermano de Syriza, que totalizarían alrededor del 15% de los votos.

De todos modos, las elecciones dejan indiferente a una gran parte de los portugueses, cada vez más numerosos a optar por la abstención.

En 2011 41,9% de los empadronados no concurrieron a votar y en las últimas elecciones europeas, en 2014, la abstención fue de 66%.

"No voto más por nadie. Siempre son los mismos partidos, las mismas promesas y nada se mueve", dice, desilusionado, Herminio Batista, un jubilado de 72 años.

AFP