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Uno de los autos compartidos del servicio chino "EV Card", estacionado en Shanghái, el 18 de abril de 2017

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A falta de poder comprarse un coche, Long Yi, un estudiante de Shanghái, recurre a una red de autos compartidos instalada en su ciudad, un negocio interesante para los constructores ante el estancamiento de sus ventas en China.

Long Yi, de 20 años, estaba condenado a realizar interminables trayectos en los abarrotados transportes públicos para ir a clase. Ahora conduce hasta su universidad utilizando su "EV Card", nombre del servicio lanzado por el constructor chino SAIC Motor en Shanghái.

La empresa instaló una flota de vehículos eléctricos compactos en toda la metrópolis, así como una constelación de estaciones.

Para Long Yi el costo es de 50 yuanes (7 euros) por trayecto, es decir un cuarto de lo que le costaría el mismo trayecto en taxi.

"Es más barato, más práctico y extremadamente flexible, a tal punto que es mi medio de transporte preferido cada vez que salgo", dice el joven.

Luego de años de registrar buenas ventas en el sector automotor, los fabricantes comienzan a percibir un crecimiento más moderado, lo que coloca al sistema de préstamos de coches en el foco de la industria.

Para los constructores, reunidos esta semana en el Salón de Shanghái, el préstamo de coches figura como un motor de crecimiento en un universo económico y reglamentario en pleno cambio.

Las estaciones de coches compartidos, presentes en ciudades estadounidenses o europeas desde hace años, recién comenzaron a desarrollarse en China en los últimos dos años y forman parte de la revolución china de la movilidad.

El sistema de préstamos de bicicletas, que causó sensación en varias ciudades del país, así como el de coches, seduce a los jóvenes urbanos que pueden activar una unidad a través de una aplicación en su teléfono móvil.

- Potencial enorme -

Varias decenas de empresas chinas y occidentales, entre ellas los constructores alemanes Volkswagen y Daimler, ya invirtieron en sistemas de préstamos, a menudo con coches adaptados especialmente para este uso.

Las flotas sólo representan unas decenas de miles de unidades: una gota de agua en un mercado chino en donde el año pasado se vendieron 24 millones de coches particulares.

Pero el "potencial es enorme", insiste la consultora Roland Berger en un reciente informe que pronostica un crecimiento de 45% por año.

"Tenemos que colocar todos estos coches" eléctricos, cuya producción crecerá considerablemente por los efectos de la presión gubernamental, comentó Jochem Heizmann, director de Volkswagen en China.

"El desarrollo de las flotas de autos compartidos ofrece una salida adicional" en el mercado, indicó el martes. El grupo alemán sellará una alianza con Shouqi, operador chino de coches compartidos.

Por su lado, el nuevo constructor Lynk & Co, filial del chino Geely, integra en sus coches funcionalidades concebidas para "facilitar el uso" entre varios conductores.

"Con el tiempo este tipo de servicios tendrá cada vez más importancia, al punto de influenciar la manera en que los coches se fabrican", por ejemplo con la conectividad a internet, estima Bill Russo, director de la consultora Gao Feng Advisory.

- Obstáculos a la compra -

Otro de los factores favorables es el reglamentario. Las autoridades chinas enfrentan el problema de la contaminación y la congestión de las metrópolis, por lo que apoyan el desarrollo de los coches compartidos a través de incitaciones financieras, flexibilización reglamentaria o plazas de estacionamiento.

Pekín también instauró restricciones drásticas que limitan las matriculaciones en una decena de ciudades, y el costo de las plazas de estacionamientos se convierte a veces en obstáculo prohibitivo para la compra de un coche para numerosos chinos.

"Numerosas familias de la clase media pueden comprar un segundo vehículo, pero no lo hacen por las complicaciones" y podrían orientarse hacia los autos compartidos, señala Johan Karlberg, analista de Roland Berger.

Para 2020, China podría registrar 195 millones de coches individuales para 355 millones de titulares de una licencia de conducir, según Roland Berger.

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