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Cajeros automáticos del Bank of America en una sucursal de Washington, el 3 de febrero de 2017

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La intención del nuevo presidente de Estados Unidos de flexibilizar la regulación impuesta a los bancos desde 2008 preocupa en Europa, que teme que el sector vuelva a las malas prácticas previas a la crisis financiera mundial.

"La idea de volver a las condiciones en vigor antes de la crisis es algo muy inquietante" advirtió el lunes el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, durante una audición ante el parlamento europeo.

Tal y como lo había prometido, pocos días después de su elección, Trump empezó a tomar medidas para desregular la economía estadounidense, algo que le reclamaba Wall Street.

Y la semana pasada firmó un decreto ordenando la revisión por parte del congreso de las leyes llamadas "Dodd-Frank" (por el nombre de sus impulsores), una serie de medidas promulgadas en 2010 por la administración de Barack Obama.

Esas leyes, muy criticadas por los republicanos y el sector financiero, obligan entre otras cosas a los bancos a reforzar sus reservas para evitar quiebras y a someterse cada año a tests sobre su resistencia a una crisis financiera.

Los europeos fueron los primeros en criticar la nueva orientación de la administración Trump.

Igual que Draghi, Andreas Dombret, miembro del directorio del Bundesbank, considera que tocar las reformas para evitar nuevas crisis "sería un gran error, aunque a veces compliquen la vida de los bancos".

"Es importante que la legislación que se puso en pie (...) tras la crisis no se desmonte. Si no volverá el riego de una nueva crisis financiera", dijo una fuente bancaria que no quiso identificarse.

En sentido contrario, la iniciativa de Donald Trump, que convirtió la lucha contra las élites en uno de los temas clave de su campaña, fue elogiado por el sector financiero estadounidense.

La asociación de bancos estadounidenses (ABA), se felicitó de una política que debería "permitir liberar el poder de la industria bancaria".

Algunos temen ahora que la decisión de Donald Trump, aunque se limita a Estados Unidos, pueda crear un movimiento global a favor de la desregulación.

El Comité de Basilea, que reúne a autoridades de supervisión bancaria de varios países, están actualmente analizando las normas de regulación bancaria, impuestas tras la crisis de la hipotecas 'subprime' en Estados Unidos, que provocó a su vez la quiebra de Lehman Brothers y desató un terremoto financiero global.

Pero que las negociaciones de Basilea tengan éxito se necesita un consenso entre las partes, en particular entre Europa y Estados Unidos.

"Por el momento los cambios [que pide Donald Trump] afectará sobre todo a Estados Unidos", dijo una fuente europea. "Pero si la revisión de las leyes Dodd-Frank llevara a modificaciones en los acuerdos internacionales, estaríamos muy preocupados, porque son cruciales para asegurar la cooperación entre autoridades y permitir intercambios transfronterizos", añadió.

Las negociaciones en Basilea están en punto muerto, y el comité se vio obligado a aplazar una reunión clave a principios de año por el descuerdo entre europeos y estadounidenses, incluso antes de que Trump asumiera la presidencia.

Uno de los principales puntos de fricción es el método para calcular el riesgo para cada banco y en consecuencia la cantidad de fondos propios que debe reservar cada entidad para hacer frente a una posible quiebra.

AFP