El primer ministro iraquí anunció este viernes que dimitirá, como reclamó el gran ayatolá Alí Sistani, figura tutelar de la política nacional, sin que por ello cesaran las protestas en una jornada en la que la represión dejó 21 muertos.

Adel Abdel Mahdi, un independiente, de 77 años, cedió el viernes, tras dos meses de protestas contra el gobierno, que dejan más de 420 muertos, según un balance compilado por la AFP a partir de fuentes médicas y de la policía.

Poco antes, el máximo dignatario chiita del país había instado al Parlamento a retirarle su confianza al gobierno para evitar el "caos" y más muertos, uniéndose al llamado de los manifestantes, que piden desde el 1 de octubre la "caída del régimen".

Pero la agitación política que él generó no logró frenar la espiral de violencia que azota el sur del país, agrícola y tribal, donde combatientes tribales tomaron las calles, armados, para proteger a los manifestantes en Nasiriya, mientras que hombres vestidos de civil abrieron fuego contra la multitud en Nayaf.

Este viernes, 15 manifestantes murieron por balas de la policía en Nasiriya, uno en Bagdad y otros cinco en Nayaf, donde hombres vestidos de civil dispararon contra los manifestantes frente a la sede de un partido, según testigos y médicos.

- "Intolerable" -

El sur de Irak fue escenario de fuertes violentas el jueves por la dura represión infligida por los comandantes militares enviados desde Bagdad, tras el incendio, al grito de "¡Irán fuera!", del consulado de iraní en la ciudad santa chiita de Nayaf.

En esa zona, 46 manifestantes fueron abatidos y casi 1.000 resultaron heridos el jueves, según médicos y policías.

"El creciente número de muertos y heridos es intolerable", denunció la ONU.

En la plaza Tahrir, epicentro de las protestas en Bagdad, y en sus alrededores, los jóvenes manifestantes soltaron las piedras que tiraban contra la policía y se pusieron a bailar tras el anuncio de que Abdel Mahdi dimitirá, indicó un fotógrafo de la AFP.

"No abandonaremos Tahrir hasta que todos los corruptos se hayan ido", dijo uno de ellos a la AFP.

"Es una etapa importante, aunque haya tardado y hayamos tenido que vivir días muy sangrientos", agregó Alí Husein, un estudiante de 20 años que se manifestaba en Nasiriya.

Estados Unidos dijo compartir "las preocupaciones legítimas de los manifestantes" e instó al gobierno de Irak a "que encamine las reformas demandadas por el pueblo".

- "Que se vayan todos" -

En Diwaniya, en el sur, las concentraciones de este viernes tomaron la forma de cortejos fúnebres por los 46 manifestantes abatidos la víspera en las localidades vecinas.

"Nuestro problema no es el primer ministro, ¡queremos que todos los partidos se vayan!", declaró a la AFP, denunciando unos servicios públicos insuficientes, la corrupción y el desempleo en un país donde uno de cada cinco habitantes vive en pobreza.

De momento, los diputados de la oposición, del ex primer ministro Haider Al Abadi y del turbulento Moqtada Sadr, que lidera el primer bloque del Parlamento, se declararon dispuestos a retirarle su confianza al ejecutivo.

En cuanto a los paramilitares de las Fuerzas de Movilización Popular, afines a Irán, segundo grupo del Parlamento que hasta ahora apoyaba al gobierno, también parecían plegarse a la voluntad del gran ayatolá y llamó a "cambios necesarios en el interés de Irak".

El Parlamento debe reunirse el domingo. Sería la primera vez, desde la caída de Sadam Husein en 2003, que un primer ministro deja el cargo sin terminar su mandato.

En la calle, los manifestantes quieren más: el fin del sistema político diseñado por los estadounidenses tras la caída de Sadam Husein y ahora bajo creciente influencia de Irán, que tomó la delantera frente a Washington.

La desobediencia civil sigue bloqueando escuelas y administraciones,mientras que los manifestantes intentan impactar en el talón de Aquiles del poder: el oro negro.

Sin embargo, de momento, no han logrado afectar ni a la producción ni a la distribución del petróleo, única fuente de divisas del país, que representa el 90% de los ingresos de un Estado sobreendeudado.

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